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Cuando la Iglesia apaga su propia voz: Jóvenes cristianos y el llamado a la política

Ana Patricia Fallas
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Por. Ana Patricia Fallas Ch.

Vivimos en tiempos donde la voz de la iglesia necesita resonar más allá de los púlpitos, sin embargo, muchos jóvenes cristianos que sienten el llamado de Dios a servir en el ámbito político, enfrentan no solo los desafíos del sistema, sino también la falta de apoyo dentro de sus propias congregaciones.

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Es doloroso ver cómo en lugar de ser impulsados y acompañados, algunos son cuestionados, desanimados o incluso rechazados, por el simple hecho de querer influir desde los espacios públicos. Debemos entender que la política, cuando se ejerce con principios del Reino, es también un ministerio de servicio. Dios seguirá levantando a hombres y mujeres íntegros para gobernar con justicia, pero lamentablemente, muchas veces, el obstáculo no viene del mundo, sino de la misma comunidad de fe.

El llamado de Dios también alcanza las esferas de gobierno y en la Biblia, Dios levantó personas en lugares de autoridad para cumplir su propósito, como lo fue José, quien gobernó Egipto, Daniel, que influyó en Babilonia, Ester, cambió el destino de su nación, y Débora, quien gobernó a Israel con sabiduría y valentía, estos ejemplos demuestran que Dios no separa lo espiritual de lo social; Él necesita representantes suyos en cada esfera de la sociedad, incluyendo la política. “Y buscó entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.” Ezequiel 22:30

El problema no es la política, sino la ausencia de creyentes con convicciones firmes dentro de ella, cuando la Iglesia calla o se desentiende de lo público, otros ocupan esos lugares con agendas contrarias a los valores del Reino. Pastores y lideres deben entender, que hemos sido llamados a levantar, no a limitar a nuestros jóvenes que sienten el fuego del llamado a servir desde el ámbito público, pero se encuentran con barreras dentro de sus propias comunidades de fe, a veces, por miedo, desconocimiento o por malinterpretar el concepto de “separación entre Iglesia y Estado”, los líderes cierran las puertas a una generación que Dios quiere usar para influir en sus naciones.

El liderazgo espiritual debería ser un espacio de mentoría, no de bloqueo, Dios no nos llama a controlar los dones de otros, sino a guiarlos, discernirlos y afirmarlos para que el Reino se extienda en todas partes. 1 Tesalonicenses 5:19 nos dice, “No apaguéis el Espíritu.” Y también nos insta en Hebreos 10:24 “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.” Estos versículos es una exhortación a los creyentes, instándolos a no ignorar ni detener la obra del Espíritu Santo en sus vidas y la vida de otros.

Apagar el entusiasmo de hombres y mujeres a servir en lo público es apagar una parte del propósito de Dios en la vida de un creyente. El Espíritu Santo no solo unge para predicar, también unge para legislar, liderar, y gobernar con justicia.

La política también es un campo de misión, y Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo.” Mateo 5:13-14

Ser luz implica brillar en los lugares donde hay oscuridad moral y corrupción. ¿Cómo podrá entrar la luz si la iglesia no envía ni respalda a sus jóvenes a esos espacios? La política puede ser un campo de misión donde el testimonio de un joven cristiano íntegro transforme estructuras injustas, y cuando la Iglesia decide quedarse al margen, renuncia a su rol profético y social, pero cuando apoya, ora y acompaña, se convierte en parte activa del cambio que el mundo necesita.

Es tiempo de que la iglesia, en general, comprenda que formar discípulos también implica preparar líderes para transformar las naciones, el Reino de Dios no se limita a los templos; se manifiesta en la política, la educación, la cultura y la economía. Cada joven con visión, valores y pasión por la justicia debe ser respaldado, no rechazado.

Y será derramado mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones.” Joel 2:28

Cuando los jóvenes dejan de soñar y ver visiones, la Iglesia deja de avanzar, pero cuando son afirmados, el Reino se expande con poder y esperanza.

En conclusión, la falta de apoyo a los jóvenes llamados a la política no apaga el plan de Dios, pero sí retrasa su cumplimiento, es momento de que la Iglesia deje de mirar la política con miedo, y empiece a verla como una plataforma divina para ejercer justicia, misericordia y verdad. El llamado de Dios también está en los congresos, los ayuntamientos y los lugares donde se toman decisiones que afectan a la gente, y nuestra oración es que los pastores y ministerios se conviertan en impulsores de esta generación y les digan: “Levántate y resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.” Isaías 60:1

La Iglesia que apoya a sus jóvenes en la política no pierde ovejas, gana influencia para el Reino.”