
Como cualquier padre, a veces te imagino paseando con una mujer. Me suceden esos golpes de imaginación cuando veo a una niña que te mira o te propone jugar. Me han contado que durante algunos recreos te sientas con una compañerita del colegio y que se la pasan callados, mirando juntos el paisaje.
Y como los dos hablan poco, pareciera que esos dos silencios se encontraron para proporcionarse calma. Me dicen que algunos estudiantes se ríen de la niña. Yo sé que de ti también se ríen y te llaman loquito.

Se sabe que la escuela es un entrenamiento para el futuro, sin especificar bueno o malo. Se sabe también que la escuela es un reflejo del mundo que vivimos. Y es cierto, en tu colegio, como en tantos colegios, ya puedes conocer todo lo dulce, y lo terrible, que te deparará la vida. Pero no importa, mientras tú sepas encontrarte con quien te da paz y a quién también tú se la das. Esos son los encuentros que sostienen la vida. Les llamarán loquitos, pero eso sucede porque hay demasiadas personas discapacitadas para amar.
Sigan loquitos.
Este texto fue tomado del libro “DIARIO DE UN PADRE ADOPTADO”, una selección de escritos que retratan el viaje de un hombre en la retadora tarea de convertirse en papá. En sus páginas encontramos reflexiones que nos confrontan como sociedad sobre el sistema educativo, la inclusión, la discapacidad y la niñez; y donde el autor
busca darle voz a los niños que le han adoptado como padre. (Si desean un ejemplar pueden pedirlo al 809. 473. 7525 y se lo llevamos a casa).




