
Por. Natanael de los Santos
Para muchos sanjuaneros, la narrativa de que su provincia posee un alto índice de pobreza ha sido una construcción utilizada para justificar acciones gubernamentales. Para otros, la declaratoria de “estado de emergencia” no es más que una manera subliminal de afirmar que Danilo Medina, durante sus ocho años de gobierno, no hizo lo debido ni siquiera por su propio pueblo. Esta afirmación, sin embargo, es cuestionable. La pobreza se ha convertido en un negocio.

En la lógica del presidente Luis Abinader parece revestir gran importancia ser profeta en su propia tierra. Su gran inversión en Santiago de los Caballeros podría inscribirse dentro de esa lógica de gestión. A veces se percibe que, para el presidente, el país comienza en Santiago y termina en Santo Domingo, olvidando lo que dijo el poeta: “el Sur también existe”.
En el caso de San Juan, es evidente que los gobiernos no han diseñado un plan maestro de desarrollo integral para la provincia, y que el liderazgo local tampoco ha mostrado interés en hacerlo. Esto ha impedido que se logre aportar mayor valor agregado a todo lo que se produce en el valle.
San Juan debe proponerse, mediante una adecuada agroindustrialización de su producción, elevar los niveles de productividad y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Otra variable clave para el desarrollo es el ecoturismo, así como la diversificación de la economía. Incluso se ha planteado la posibilidad de crear un sistema de hidroenergía con el agua acumulada en la presa de Sabaneta, lo que generaría recursos, riquezas y sostenibilidad agrícola.
El llamado “Plan San Juan” fue un intento improvisado que fracasó principalmente por la falta de planificación estratégica y por la politización. La dura realidad es que en San Juan no existen suficientes oportunidades de empleo ni de desarrollo para sus profesionales. Aunque hay varias universidades, la mayoría de los graduados se ven obligados a emigrar hacia provincias con mayor progreso.
Sin embargo, San Juan dispone de excelentes condiciones agroclimatológicas para la producción agropecuaria. Cuenta con tierras fértiles y una infraestructura de riego única en el país, con un sistema de canales y canaletas interparcelarias en gran parte de su área productiva.
Si realmente San Juan tuviera altos niveles de pobreza lo cual no es seguro el gobierno y la sociedad deberían sentarse a planificar y ejecutar programas sectoriales bajo una misma visión.
Otra realidad es que un pequeño grupo de oportunistas se ha beneficiado de los proyectos
ejecutados en el valle, sin que la colectividad reciba los frutos. Además, el último censo nacional fue considerado un solemne disparate, lo que genera dudas sobre la veracidad de las estadísticas.
Hoy San Juan está de moda. El rechazo a la explotación minera abre una oportunidad para crear condiciones de un verdadero desarrollo provincial y regional.
Existen seis indicadores básicos para medir la pobreza: acceso a salud, agua potable, educación, vestimenta, alimentación y, más recientemente, acceso a Internet. En San Juan, una parte considerable de la población dispone de estos servicios. Por ello, la línea de pobreza de la provincia podría estar manipulada.
Eduardo Galeano dijo: “Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Los que no tienen miedo son los que tienen miedo de que los demás pierdan el miedo.” En el caso de San Juan, los últimos acontecimientos dicen que su gente trabajadora perdió el miedo.
Nuestra pobreza no es material, es la falta de planificación, la riqueza está en nuestras manos. San Juan tiene las condiciones para que su población viva con dignidad. No somos pobres, somos postergados, y ha llegado la hora de cambiar la historia. La realidad es clara: San Juan no necesita lástima, necesita visión y acción.
Natanael de los Santos, es Agrónomo y abogado, con maestría en Derecho de Administración del Estado, Derecho internacional y Diplomacia. Colabora en varios medios impresos y digitales. Reside en San Juan.




