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¿Quién le cortó las alas al amor?

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Jenny Matos

En un frondoso bosque habitaba en su nido una pareja de Periquitos del Amor con sus pichones. Los emplumados no tenían mucho de formar familia, cuando se empezaron a suscitar incidentes con los parientes del ave macho. Siempre pensaron que el ave hembra era “poca cosa” para su allegado y no desperdiciaban la oportunidad para manifestar lo repulsiva que ella les resultaba. No soportaban su plumaje, de tan sólo pensar que ella podría volar alto. se llenaban de gran irritación y trataban de agredirla y rebajarla para que no se creyera el vuelo.

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Aguzaban sus miradas y con sus picos lanzando todo tipo de piedras sobre la avecilla; al principio no eran tan grandes, aunque fueron aumentando el tamaño y la constancia de los golpes dejaron rota una de sus alas, impedida de ejercer el vuelo. El ave herida a su vez, empezó a lanzar las piedras a su compañero, ya que nunca le vio intención de poner a cada ave de sus parientes en su debido lugar y en su nido. ¡Pasaba de la vista gorda!, pensando que su compañera ignoraría los atropellos. Pero no fue así, las pedradas a él le pasaron altas facturas de daños. ¡Ellos la hirieron a ella y ella lo hería a él! Luego en su desesperación por acabar con todo aquel absurdo empezó a lanzar piedras en todas direcciones, creando así daños colaterales, como proyectiles de balas perdidas por los aires, que no preguntan por culpables o inocentes, sólo golpean y matan a la suerte.

Al llegar el crudo invierno ambas aves estaban rotas, uno en el ala izquierda y otro en la derecha. La familia del macho preocupados por él, al verlo imposibilitado de volar empezaron a pedir a la hembra que se detenga, para que sanen ambos las heridas y no mueran ninguno de los dos en el suelo, al alcance de los felinos. Pero ya era tarde, en su confusión ella se volvió igual que ellos, agresiva y tiradora de pedradas. Al final, la pareja se abrazaron ambos heridos, alejados de los parientes, pero el vuelo era bajito, volaban juntos cada quien poniendo la única ala buena que les quedaba, pero en el medio de ambos estaban rosando y haciendo fricción las fisuras sangrantes, dejando un rastro de secreción en el recorrido.

¡El ave macho tenía potencial de ser una gran ave y ella tenía una manera de volar distinta, pero era muy original; la misma familia arruinó el futuro del varón, tratando de destruir a su compañera! Las plumas ensangrentadas se confundían, pero no podían vivir separados, ya que ambos morirían. Afuera del nido la pajarita erigió una gran muralla construida con todas las piedras que les arrojaron; ante el mínimo intento de acercamiento de los familiares ella con gran enfado mostraba la fea cicatriz que le quedó en el ala, vivía a la defensiva, aunque los familiares estaban arrepentidos ella nunca les creyó nada. Ambos pudieron construir algo majestuoso en las alturas, pero el desafortunado de la hembra los confinó a ambos a un vuelo más bajo. Desde más abajo, otras especies del bosque preguntaban: ¿Quién les cortó las alas al amor? Los parientes emplumados se decía unos a otros: No sé quién, pero no fui yo. Y siempre, pero siempre lo negaban. Desde entonces, cuando alguien ve a los pajaritos del amor juntos pero a poca altura, con solo dos alas y abrazados, surgía la pregunta ¿Quién fue que cortó las alas? Y la respuesta de: No fui yo, hace eco en el bosque, para que no se vuelva a repetir la historia, de quien hace nido del amor no quiere ser interrumpido por emplumados entrometidos, cada quien debe tener su nido.

Moraleja: Esto es una llamada de atención a las familias cristianas a contribuir a que los matrimonios se mantengan juntos. ¡No juguemos a separar a los pajaritos!, más si por el medio se pone en juego un ministerio poderoso. Recordemos, que al final la guerra se la hacemos a nuestro propio “pariente”. En ocasiones la sangre envenena, rompe las alas del ministerio y mata los mismos sueños de Dios. Si el matrimonio se pierde por alguna herida de su pareja (sea hombre o mujer), la iglesia sufre mucho y el misterio se puede perder. En ocasiones, si uno no desarrolla su ministerio el otro tampoco. ¡No hagamos del bistec de Dios dos pedazos de carnes distintos! ¿Se entendió? Quien ha volado con un ala rota conoce el preciado valor de sus plumas. Por favor no rompamos, porque la gente rota rompe, aun sin planificación ni intención un vaso roto corta.

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1 Comentario

  1. Querida Jenny
    Excelente, en lo que escribes e inspiras, a mirarnos internamente, el amor es, aún le corten las alas.
    Siempre es amor.
    Sigue, sigue con esa pluma llena de gracias que Dios te ha dado para llevar su mensaje en el nombre de Jesus.
    Te admiro, por tu forma de expresarte por medio del lenguaje escrito.
    Exitos

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