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Por obispo Gabriel Corniel
Vivimos tiempos profundamente preocupantes. Cada día despertamos con noticias dolorosas: feminicidios, atracos, violencia doméstica y jóvenes perdiendo la vida por un celular, un vehículo o una simple discusión. La sociedad parece caminar aceleradamente hacia una deshumanización alarmante, donde el valor de la vida se ha debilitado y muchas personas actúan sin temor, sin conciencia y sin principios.

Como pastor y ciudadano dominicano, me preocupa profundamente lo que estamos viendo. No podemos seguir normalizando la violencia ni acostumbrándonos a convivir con el miedo. Algo está ocurriendo en el corazón del ser humano.
Estamos avanzando en tecnología, pero retrocediendo en valores. Tenemos más acceso a la información, pero menos formación moral; más comunicación, pero menos diálogo; más libertades, pero menos dominio propio.
Entiendo que este problema no se resuelve únicamente con leyes más fuertes o con mayor presencia policial en las calles, aunque ciertamente la justicia y el orden deben cumplir su papel. La situación también tiene raíces espirituales, familiares y sociales. Poco a poco hemos ido dejando de lado principios fundamentales que antes ayudaban a formar generaciones con respeto, disciplina y conciencia.
Por eso considero necesario fortalecer nuevamente la enseñanza de la moral y cívica en nuestras escuelas. Nuestros niños y jóvenes necesitan aprender el valor del respeto, la convivencia, la responsabilidad, el amor al prójimo y el temor a Dios. Una sociedad sin principios termina perdiendo el rumbo.
Asimismo, debemos fomentar una mayor orientación familiar y las asesorías matrimoniales. Muchas tragedias nacen de conflictos mal manejados, heridas emocionales no tratadas y hogares destruidos. Buscar ayuda no debe verse como una debilidad, sino como un acto de sabiduría. Necesitamos aprender a dialogar, a perdonar, a manejar las emociones y a resolver los conflictos sin violencia.
También hago un llamado a las iglesias, a las autoridades, a los educadores y a toda la sociedad para que trabajemos unidos en favor de la paz y la restauración de la familia. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la violencia continúa arrebatando vidas y destruyendo sueños.
Pero, sobre todas las cosas, creo firmemente que el ser humano necesita volver a Dios. Solamente en Cristo hay verdadera paz para el corazón. Cuando Cristo gobierna la vida de una persona, transforma su manera de pensar, actuar y vivir. El evangelio no solo cambia conductas; cambia corazones.
Nuestro país necesita menos odio y más amor; menos violencia y más conciencia; menos indiferencia y más compasión. Todavía estamos a tiempo de construir una mejor nación si regresamos a los valores, fortalecemos la familia y permitimos que Dios ocupe el lugar que le corresponde en nuestra sociedad.
Que Dios tenga misericordia de nuestra nación y nos ayude a construir un país más seguro, más humano y lleno de esperanza.
El obispo Gabriel Corniel Arias, es pastor y presidente del Concilio Evangélico Pentecostal Arca de Salvación.




