
Por. Samuel Guzmán B.
Hay historias que comienzan de manera sencilla y con el paso de los años, terminan convirtiéndose en parte de la historia de una comunidad. La trayectoria del Templo La Trinidad, en el Ensanche Quisqueya, es una de ellas.
Al celebrar sus 50 años de existencia, La Trinidad no solo conmemora medio siglo de predicación del evangelio, sino también cinco décadas de presencia activa, servicio y compromiso con las familias de su entorno.
Su historia comenzó con una escuela bíblica iniciada por Linda, la hija de los misioneros norteamericanos Norman y Martha Lesterjette en la marquesina de su residencia en agosto 1976. La obra posteriormente creció hasta establecerse en su local de la calle Mario García Alvarado, en el Ensanche Quisqueya.

Aquella obra que nació como una expresión de fe y evangelización fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en una congregación establecida y en una institución que ha desarrollado importantes iniciativas de beneficio social.
El primer pastor de aquella naciente iglesia fue Kerry Gonzáles, a quien posteriormente siguieron en el pastorado Manuel Rivera y Jhorman Rivera. Cada uno, desde su tiempo y ministerio, contribuyó a consolidar una obra que hoy llega a sus primeros 50 años.
Actualmente, la congregación está bajo el liderazgo del pastor Esdras Kelly, quien tiene la responsabilidad de conducir esta nueva etapa de la historia del Templo La Trinidad.
Quizás uno de los aspectos más importantes de este aniversario es comprender que La Trinidad no se quedó en el crecimiento de su estructura física.
La iglesia fue entendiendo que su misión debía expresarse también en el servicio a las personas y en la búsqueda de respuestas a necesidades concretas de la comunidad.
Por eso, al hablar de los 50 años de La Trinidad, resulta indispensable destacar la apertura de nuevas iglesias y capillas y su accionar social, particularmente en áreas fundamentales como la educación, la salud y el acceso al agua.
La creación y funcionamiento del Colegio La Trinidad, en donde cientos de niños reciben diariamente el pan de la enseñanza, constituye una de las expresiones más importantes de esta visión. Educar es sembrar para el futuro. Cada niño y cada joven que pasa por las aulas representa una oportunidad para transmitir conocimientos, formar valores y contribuir a construir una sociedad mejor.
En una nación que necesita continuar fortaleciendo su sistema educativo, el aporte de instituciones que han asumido la educación como parte de su misión merece ser reconocido.
La iglesia también cuenta con una planta de agua, iniciativa que refleja una preocupación concreta por una de las necesidades esenciales de cualquier comunidad en la cual las familias adquieren el botellón de agua potable a muy bajos precios.
De igual manera, posee un Dispensario Médico con asistencia a muy bajos costos, constituye otra expresión del compromiso de la iglesia con el bienestar de las personas.
Estos proyectos muestran una concepción de iglesia que no se limita a convocar a las personas para el culto, sino que procura encontrarse con ellas también en sus necesidades cotidianas.
El mensaje de Cristo debe convertirse en acciones concretas de amor, solidaridad, educación, cuidado y servicio.
En ese sentido, la trayectoria de La Trinidad constituye un ejemplo de cómo una congregación puede desarrollar una presencia que trasciende el ámbito estrictamente religioso.
Una iglesia puede predicar sobre el amor al prójimo, pero ese amor adquiere una dimensión mucho más profunda cuando se traduce en una escuela que educa, un consultorio que atiende y una planta de agua que sirve.
Es ahí donde la fe deja de ser solamente una declaración y se convierte en acción transformadora.
Personas que llegaron siendo jóvenes y hoy son adultos mayores. Familias que encontraron en la iglesia un espacio de acompañamiento. Niños que crecieron en sus ministerios y que posteriormente se convirtieron en líderes. Pastores, maestros, servidores y voluntarios que dedicaron parte de sus vidas a hacer posible esta historia.
Por eso, este aniversario no pertenece exclusivamente a quienes hoy forman parte de La Trinidad. También pertenece a quienes estuvieron allí en sus primeros años, a quienes ayudaron a levantar aquella capilla y a quienes, desde diferentes responsabilidades, contribuyeron a que aquella pequeña obra pudiera convertirse en lo que es hoy.
La Trinidad no es simplemente un templo ubicado en el Ensanche Quisqueya. Es parte de la historia de ese sector y de muchas de las familias que durante décadas han tenido algún vínculo con esta obra. Por eso, celebrar sus 50 años debe ser también una oportunidad para reconocer que las iglesias pueden convertirse en agentes de desarrollo comunitario.
En tiempos en que se habla tanto de responsabilidad social, resulta importante reconocer que muchas comunidades religiosas han ejercido esa responsabilidad durante décadas, muchas veces silenciosamente y sin buscar protagonismo.
Felicidades al Templo La Trinidad por estos 50 años.





