
Por el Pastor Víctor Almánzar
La fe no es un concepto que se archiva en la mente ni una frase que se repite los domingos; es un camino que se recorre, un escalón que se sube cada día. Dios le ha dado a cada uno de sus hijos una medida de fe (Romanos 12:3), pero esa medida no fue diseñada para quedarse como semilla, fue diseñada para crecer. Entre la semilla diminuta que apenas germina y la fe que camina sobre las aguas, hay una distancia que solo se recorre viviendo la fe de manera práctica, no solo creyéndola de manera teórica.
Yo hablo de niveles de fe, pero no lo hacemos con el objetivo de marginar a quien tenga menos fe que otra persona, ya que nuestro propósito no es de comparación, sino de mostrar la parte cualitativa y no solo cuantitativa en el potencial de crecimiento espiritual que nos da la medida de fe, que se nos ha otorgado con el diseño de crecimiento a niveles extraordinarios.
El máximo nivel de fe es donde el agua se convierte en vino, donde se camina sobre el mar, donde la muerte deja de ser el final. Es la fe de Jesús mismo, quien creyó que el Padre lo levantaría aun en la cruz. Alcanzar este nivel no significa que Dios se somete a nuestros deseos, sino que nosotros nos alineamos por completo con su voluntad.
Conocer los siete niveles de fe no basta si se quedan en el papel. La fe es una escalera, y una escalera solo cumple su propósito cuando se sube. Puedes saber intelectualmente que existe el siguiente escalón, pero hasta que no des el paso, no experimentarás lo que hay en él. Vivir la fe de manera práctica significa orar cuando aún no ves la respuesta, obedecer cuando el mandato no tiene lógica humana, declarar la palabra cuando las circunstancias dicen lo contrario, y actuar con diligencia en lugar de esperar con los brazos cruzados.
No necesitas una fe gigante para comenzar; necesitas una fe verdadera y en movimiento. Cada nivel que subes te acerca más al lugar donde Dios quiere llevarte: una vida donde lo imposible deja de serlo, donde el temor pierde autoridad y donde tu identidad como hijo de Dios determina tus resultados. Hoy es un buen día para dejar de mirar el tamaño de tu fe y comenzar a sembrarla, pensarla, accionarla, desafiarla, declararla, obedecerla y manifestar el poder. El máximo nivel de fe está esperando por ti; solo falta que decidas subir.
Puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe, sigamos subiendo, escalón tras escalón, hasta alcanzar aquello que Él ya diseñó para nosotros desde la eternidad.





