
Por José Daniel Martínez
Preguntas de inicio
¿Qué enseñanza nos deja Lucas 7:1-10?

¿Qué podemos aprender de la fe del centurión?
¿Qué nos enseña la parábola del centurión y los cielos?
¿Qué nos enseña el capítulo 7 de Lucas?
El texto de Lucas 7:1-10 dice:
Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaúm. Y el siervo de un centurión, a quien este quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
En los evangelios, encontramos solo dos ocasiones en que se dice que Jesús se maravilló:
- Por la gran fe del centurión (Mateo 8).
- Por la falta de fe en Nazaret (Marcos 6:6).
Este centurión no era judío, pero mostró una fe tan genuina que Jesús lo puso como ejemplo.
El contexto del mensaje
Después de predicar el “sermón del llano” (Lucas 6:20-49), donde enfatiza la misericordia y el amor del mensaje del Reino de Dios, ordenando incluso el amor a los “enemigos”, Jesús comienza a demostrar su mensaje con actos de misericordia y sanidad (7:1-17). Primero, sana al esclavo enfermo de un centurión gentil, y después, resucita al hijo de una viuda.
Nuestro pasaje trata acerca del primero de estos milagros, cuando Jesús, luego de sus “palabras” a los oyentes del “sermón del llano”, cambia de lugar y entra en Capernaúm, donde ya había sanado a un hombre con un espíritu de demonio impuro que estaba en la sinagoga del pueblo (4:31-37). Dios sigue haciendo grandes y pequeños milagros cada día y a cada instante 24/7. ¿Cuántas personas ha resucitado Cristo y quiénes han pasado de la muerte a la vida?
Dos delegaciones
¿Qué es un centurión?
Un centurión era un jefe a cargo de una lista de cien soldados, que viene de la cultura en tiempo de Herodes Antipas, el tetrarca de Galilea. Este centurión tenía un esclavo (“siervo” en la versión Reina Valera 1995, pero usualmente la palabra del original griego doulos se refiere específicamente a un “esclavo”), a quien quería mucho (el original griego dice que lo tenía en “alta estima” – entimos). Este esclavo querido “estaba enfermo y a punto de morir” (v. 2). El pasaje nos indica que dos veces este soldado gentil envía una delegación para rogarle a Jesús por su siervo enfermo (vv. 3-5 y vv. 6-8).
Funciones del centurión
- Mando y disciplina: Comandaban una centuria y eran responsables de mantener el orden y la disciplina entre sus soldados.
- Entrenamiento: Se encargaban de la instrucción militar de sus hombres, asegurándose de que estuvieran preparados para el combate.
- Liderazgo en batalla: Los centuriones eran conocidos por su valentía y a menudo lideraban a sus tropas desde el frente, inspirándolos con su ejemplo.
- Administración: También tenían responsabilidades administrativas, como la distribución de tareas y la gestión de asuntos cotidianos dentro de la centuria.
- Ascenso: A menudo ascendían desde las filas de soldados rasos, basándose en su mérito y capacidad de liderazgo.
- Influencia y responsabilidad: Eran figuras de autoridad y respeto dentro de la legión, con una gran influencia sobre sus hombres.
La primera delegación está integrada por “ancianos de los judíos”, es decir, miembros del concilio de líderes de la sinagoga en Capernaúm. Ellos indican que parte del servicio de este centurión y de su demostración de admiración por el pueblo judío había sido proveer fondos para la construcción de una sinagoga (v. 5). Es decir, este líder gentil había sido un “patrón” de los judíos en Capernaúm, y por lo tanto, ellos, bajo las normas de patrocinio del mundo grecorromano, tenían ciertas obligaciones con él. Entre estas obligaciones se encontraban, por ejemplo, la de prestar favores, como el de presentarlo ante figuras importantes o interceder por él ante ellas. Aquí el centurión “oyó hablar de Jesús” (v. 3a) y, asumimos, de sus milagros y sanidades. Por lo tanto, procura ayuda para su esclavo enfermo. No presume poder acercarse a un profeta judío por su cuenta. Esto nos recuerda la sanación de Naamán, el general leproso de Siria, a quien una niña judía le sugirió que podría ser sanado por la intervención del profeta de Israel, Eliseo (2 Reyes 5:1-14; véase también Lucas 4:27, donde Jesús, frente a la oposición de su propio pueblo, menciona a Naamán como un gentil sanado en los tiempos de Eliseo). En esa historia tampoco hubo contacto directo del profeta con el enfermo, sino que fue sanado a distancia y a través de intermediarios.
La primera delegación alaba al centurión como un hombre que apoya y aun ama al pueblo judío. Por eso, Jesús debe atender a su petición: “Es digno de que le concedas esto” (v. 4b). Los emisarios del centurión están cumpliendo, precisamente, las normas de la “ética patronal”. Jesús parece responder positivamente y “fue con ellos” (v. 6a).
Entró en Capernaúm. Después del Sermón de la Llanura (Lucas 6:20-49), Jesús llegó a su ciudad de residencia (Mateo 4:13). Esto significa que el Sermón de la Llanura probablemente no estaba lejos de Capernaúm.
El siervo de cierto centurión, a quien apreciaba mucho, estaba enfermo y a punto de morir.
Este centurión se presenta como un hombre devoto, amable y humilde; sin embargo, al mismo tiempo era un centurión, no solo un gentil, sino un soldado romano y un instrumento de la opresión de Israel.
Le envió ancianos de los judíos, rogándole que viniera a sanar a su siervo. Aparentemente, el centurión no se consideraba digno de un encuentro personal con Jesús, y tal vez pensó que Jesús no querría encontrarse con un gentil como él, así que envió a líderes judíos como sus representantes ante Jesús.
Aquel por quien debía hacer esto era merecedor. Los líderes judíos hicieron esto por el centurión porque era un hombre digno. En cambio, podemos acudir a Jesús directamente sin un representante, incluso cuando somos indignos; Él justifica a los impíos (Romanos 4:5).
“Estas consideraciones sugieren que el capitán era un hombre temeroso de Dios, un gentil que abrazó al Dios de Israel, pero que no se circuncidó”.
El centurión le dice a Jesús que no es necesario que venga, porque sabe que Jesús no necesita estar presente para hacer su obra (6-8).
Entonces Jesús fue con ellos. Y cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión le envió amigos, diciéndole: «Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me consideré digno de venir a ti. Pero di la palabra, y mi criado sanará. Porque yo también soy un hombre bajo autoridad, con soldados a mis órdenes. Y le digo a uno: «Ve», y va; a otro: «Ven», y viene; y a mi criado: «Haz esto», y lo hace».
- Entonces Jesús fue con ellos: Jesús no dudó en ir a la casa del centurión, y casi desearíamos que el centurión se lo hubiera permitido. ¿Habría entrado Jesús en la casa de un gentil? Iba completamente en contra de la costumbre judía, pero no de la ley de Dios.
Pate cita un escrito rabínico conocido como M. Oholot 18:7: «Las moradas de los gentiles son impuras».
- Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo: El centurión sabía que podría ser un problema para este prominente rabino entrar en su casa, así que hizo que sus amigos salieran a recibir a Jesús en el camino para decirle que no era necesario que Él fuera hasta la casa. ¿A quién invita usted a su casa y con qué propósito?
1- Testigo de calidad
“y mi siervo [en el v. 7 del original griego, en vez de doulos como en el v. 2, se utiliza la palabra pais, que tiene un significado más cercano a “criado”, “siervo” o “niño”, y por lo tanto es más paternalista y menos cruel, aunque no por ello podemos ignorar la crueldad que objetivamente implicaba la condición de esclavo de ese hombre] será sano” (v. 7b).
Con estas palabras, el centurión reconoce, a través de sus amigos, que una opción importante del ministerio de Jesús es la promesa de abogar por las necesidades de los “pobres” (6:20), con la que puede cumplir sanando a su esclavo, aun a la distancia (como de hecho lo hará según el v. 10, y como lo hará después resucitando al único hijo de una viuda que habría quedado en la pobreza completa de no poder seguir contando con el apoyo financiero de su hijo; véase 7:11-17). (4) Pero, en cuarto lugar, el centurión también reconoce la autoridad divina de Jesús como Dios Todopoderoso, misericordioso y Sanador (v. 8). El centurión entiende qué es estar “bajo autoridad”.




