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Cuando la educación transforma la comunidad

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Samuel Reyes Raposo (samuelreyes7@hotmail.com)

La educación no puede limitarse a transmitir conocimientos. Su verdadero sentido aparece cuando lo aprendido permite comprender la realidad, enfrentar problemas y contribuir a transformar la comunidad. Una escuela que enseña solamente para aprobar exámenes puede producir estudiantes con buenas calificaciones, pero una escuela que enseña para transformar puede formar ciudadanos capaces de mejorar su entorno.

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Un ejemplo contemporáneo es Kiran Bir Sethi, educadora y fundadora de Riverside School, en Ahmedabad, India. Su propuesta convirtió la escuela en un espacio donde los estudiantes no solo aprenden contenidos, sino que identifican problemas de su entorno y participan en la búsqueda de soluciones. Posteriormente creó Diseño para el Cambio, un movimiento educativo presente en 60 países que promueve que los niños observen una situación que les preocupa, imaginen una solución, actúen para realizarla y compartan lo aprendido.

La experiencia de Sethi plantea una pregunta que también debemos hacernos en la República Dominicana: ¿para qué estamos educando?

Durante mucho tiempo hemos concentrado la atención en contenidos, calificaciones, pruebas y resultados académicos. Todo esto es importante, pero no suficiente. Una educación verdaderamente transformadora debe preparar al estudiante para comprender su realidad y actuar sobre ella.

Si un estudiante aprende ciencias, pero no puede utilizarlas para comprender los problemas ambientales de su comunidad; si estudia tecnología, pero no desarrolla soluciones para las necesidades de su entorno; si aprende educación ciudadana, pero no comprende la importancia de participar responsablemente en la sociedad, algo esencial está faltando.

Necesitamos escuelas que sean espacios donde los estudiantes aprendan a observar, preguntar, investigar y proponer soluciones. En nuestras comunidades, los proyectos escolares podrían abordar la contaminación de un río, el manejo de los residuos sólidos, el ahorro de agua y energía, la seguridad vial, la protección de los recursos naturales o el uso responsable de la tecnología.

Para lograrlo, el estudiante debe dejar de ser un receptor pasivo de información y convertirse en protagonista de su aprendizaje. Debe investigar, trabajar en equipo, experimentar, equivocarse, buscar soluciones y presentar resultados.

Esto también exige un cambio en la función del maestro. El educador, además de dominar una asignatura, debe ayudar a sus estudiantes a relacionar lo aprendido con la vida cotidiana. Enseñar matemáticas puede significar aprender a administrar recursos; enseñar ciencias puede conducir a proteger el medioambiente; enseñar historia puede ayudar a comprender nuestra identidad; enseñar tecnología puede abrir caminos para la innovación.

La República Dominicana necesita una educación que, además de preparar a los jóvenes para buscar empleo, los forme también para crear soluciones, servir a sus comunidades y participar en la construcción de una mejor sociedad.

La educación tiene sentido cuando sale de las paredes del aula y comienza a transformar la comunidad. Una escuela que transforma estudiantes puede transformar comunidades; y las comunidades transformadas pueden cambiar el destino del país.