
Por Félix Caraballo
SANTO DOMINGO. Durante 16 años, Buckner Dominicana ha desarrollado en el país una labor centrada en la protección de la niñez, el fortalecimiento de las familias y la búsqueda de alternativas para que niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad puedan crecer en entornos seguros, estables y protectores.
Establecida formalmente en República Dominicana en abril de 2010 como brazo operativo de Buckner International, la organización cristiana sin fines de lucro trabaja bajo una filosofía inspirada en el ejemplo de Jesucristo: servir, proteger y transformar vidas.
Eunice Pérez, directora ejecutiva de Buckner Dominicana, explica que la institución forma parte de una organización internacional con una trayectoria de 147 años en Estados Unidos y varias décadas de experiencia fuera de ese país.
Fundada en 1879 por el pastor bautista Robert Cook Buckner y, a lo largo de su historia, ha extendido sus programas a diferentes naciones. Actualmente concentra su trabajo internacional en países de América Latina como Honduras, Guatemala, Perú, México y República Dominicana, además de Etiopía y Kenia, en África.
En el país, la institución ha concentrado sus esfuerzos principalmente en dos programas: Centro de Esperanza Familiar y Permanencia, ambos orientados a responder a situaciones que afectan directamente a la niñez y a sus familias.

El Centro de Esperanza Familiar constituye uno de los principales programas de Buckner Dominicana y tiene un carácter fundamentalmente preventivo. Su punto de partida es que la familia constituye el principal entorno protector de un niño. Por eso, en lugar de limitarse a atender las consecuencias de la vulnerabilidad, la organización procura fortalecer las capacidades de los hogares para que puedan ofrecer mejores condiciones de vida a sus hijos.
Las familias seleccionadas participan durante un proceso que puede extenderse entre 18 y 24 meses, período en el que reciben acompañamiento y asesoría en diferentes áreas. El programa trabaja con seis factores de protección relacionados con aspectos como educación, economía, salud, higiene y relaciones parentales, con el propósito de contribuir a que los hogares puedan superar situaciones que colocan a los niños en riesgo.
El acompañamiento también contempla a los menores. Durante el proceso reciben apoyo para la nivelación escolar, una herramienta que busca reducir las brechas educativas que muchas veces acompañan a las condiciones de pobreza y exclusión.
Para Eunice Pérez, uno de los principales resultados del programa es que las familias comienzan a mirar su realidad desde otra perspectiva.
La transformación, explica, no siempre puede medirse inmediatamente en cifras. También se manifiesta cuando una familia recupera la esperanza, adquiere herramientas para enfrentar sus dificultades y comienza a visualizar nuevas posibilidades para su futuro.
A largo plazo, los resultados pueden observarse en jóvenes que concluyen sus estudios, familias que alcanzan mayor estabilidad y niños que crecen en ambientes más seguros. Una familia fortalecida puede convertirse en un agente de transformación para sus hijos y, posteriormente, para las generaciones que vienen detrás.
Dos centros y una comunidad que participa
Buckner Dominicana cuenta con dos centros de atención en el país. Uno de ellos está localizado en el sector de Mendoza, Santo Domingo Este, mientras que el otro forma parte de la estructura de atención de la organización.
Los centros trabajan con un número limitado de familias para garantizar un acompañamiento cercano y de calidad. Al mismo tiempo, mantienen una relación activa con las comunidades donde funcionan. La población infantil directamente vinculada a los programas se distribuye entre los centros, mientras que otros niños de las comunidades participan en actividades abiertas.
Estas iniciativas incluyen charlas, estudios bíblicos y diferentes dinámicas dirigidas a fortalecer los vínculos comunitarios y familiares. La organización entiende que su impacto no debe limitarse a las familias que forman parte directamente de sus programas.
La comunidad también puede convertirse en un espacio de prevención y protección cuando dispone de información, acompañamiento y redes de apoyo.
Programa de Permanencia
El Programa de Permanencia, dirigido a niños que se encuentran en hogares residenciales y otras instituciones de protección. La organización trabaja de manera coordinada con los hogares y con el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) en los procesos orientados a la reunificación familiar.
La licenciada Eunice Pérez, considera que la meta no es simplemente trasladar a un niño desde una institución hacia una familia. Se procura determinar primero si el retorno es seguro y si existen las condiciones necesarias para garantizar el bienestar del menor. Por esa razón, el proceso requiere un trabajo previo tanto con el niño como con su familia.
Además, la reunificación familiar se procura, en primer lugar, con la familia de origen y, cuando esto no es posible, con miembros de la familia extendida que puedan ofrecer un entorno adecuado.
La institución sostiene que la permanencia de un niño dentro de un núcleo familiar seguro favorece su sentido de pertenencia y contribuye a su desarrollo integral. Cuando no existe una alternativa familiar viable, se exploran otras opciones de protección, incluyendo procesos relacionados con la adopción.
Sin embargo, la adopción no constituye el primer objetivo. La prioridad es restituir, siempre que sea posible y seguro, el derecho del niño a crecer dentro de su propia familia. Dentro de esta estrategia también se contempla la identificación y evaluación de familias interesadas en participar en procesos de adopción.
La creación de un banco de familias permite contar con personas previamente evaluadas y preparadas para responder a las necesidades de niños que requieren alternativas familiares. Son niños que, en muchos casos, han experimentado rupturas familiares, abandono, precariedad económica o situaciones que los llevaron a ser institucionalizados.
Por eso, el desafío no consiste únicamente en encontrarles un lugar donde vivir, sino en procurar que puedan desarrollar vínculos afectivos, sentirse pertenecientes a un hogar y recuperar la seguridad emocional que necesitan para crecer.
La iglesia como puente hacia las familias
Una característica importante del trabajo de Buckner Dominicana es la participación de las iglesias y de las propias comunidades en la identificación de familias que necesitan apoyo.
De acuerdo con Eunice Pérez, muchos niños llegan referidos por iglesias, mediante recomendaciones de personas de la comunidad o a través de familias que ya han participado en los programas. Ese mecanismo ha permitido que el trabajo se extienda de manera orgánica.
Una familia que ha vivido el proceso y experimentado sus beneficios puede convertirse posteriormente en una referencia para otras familias que atraviesan situaciones similares. De esta manera, la intervención deja de ser únicamente institucional y comienza a construir una red comunitaria alrededor de la protección de la niñez.
Una transformación que comienza en el hogar
A 16 años de su establecimiento formal en República Dominicana, Buckner Dominicana mantiene una apuesta clara: prevenir la vulnerabilidad antes de que termine separando a los niños de sus familias y trabajar para que aquellos que ya han sido institucionalizados puedan, cuando las condiciones lo permitan, recuperar su derecho a vivir en un entorno familiar seguro.
Su labor combina fe cristiana, acompañamiento social y trabajo comunitario, con la familia como centro de la intervención.
En definitiva, la respuesta de Buckner Dominicana durante estos 16 años ha sido trabajar precisamente en esa dirección. Porque proteger a un niño no significa únicamente evitar que sufra una situación de riesgo. También significa ayudar a construir las condiciones para que pueda crecer, estudiar, sentirse amado y proyectar un futuro diferente.





