
Marlene Lluberes
En los últimos días, las noticias sobre la posibilidad de un terremoto en nuestro país han despertado inquietud en muchos dominicanos. Es normal que una amenaza de esta naturaleza nos lleve a pensar en nuestra fragilidad. No sabemos si ocurrirá ni cuándo, porque el futuro pertenece únicamente a Dios. Pero sí sabemos que momentos como este nos invitan a reflexionar sobre aquello en lo que realmente descansa nuestra seguridad.
La Biblia muestra que, cuando una nación enfrenta tiempos de incertidumbre, la respuesta de Dios no comienza con el miedo, sino con un llamado a volver a Él. El mes bíblico de Elul, que precede a las grandes convocatorias del séptimo mes bíblico, representa precisamente ese tiempo de preparación, examen del corazón y búsqueda sincera de Dios.
El profeta Zacarías expresó una verdad que conserva toda su vigencia: «¿Quién ha menospreciado el día de las pequeñeces?» (Zacarías 4:10).
Mientras el pueblo veía una obra modesta, Dios contemplaba el inicio de una restauración. Nos enseña que las grandes transformaciones no suelen comenzar con hechos espectaculares, sino con pequeñas obediencias: una oración, un acto de arrepentimiento, una reconciliación, una familia que vuelve a buscar a Dios, la intercesión por nuestro país.
La Escritura también advierte que ninguna nación puede ignorar indefinidamente los principios de Dios.
En Ezequiel 22, el Señor denuncia una sociedad marcada por la violencia, la corrupción, la injusticia y el olvido de Su nombre. ¿Podemos vernos reflejados?
Pero en medio de ese severo diagnóstico aparece una de las frases más conmovedoras de toda la Biblia: «Busqué entre ellos a alguien que construyera un muro y se pusiera en la brecha delante de mí por mi tierra… y no lo hallé.»
Dios no buscó un ejército ni una multitud. Buscó un intercesor.
También Jonás nos recuerda que, cuando Nínive recibió una advertencia, no respondió con indiferencia. Toda la ciudad se humilló, ayunó y clamó a Dios. Entonces el juicio anunciado dio paso a la misericordia. No porque Dios cambiara de carácter, sino porque un pueblo decidió cambiar de rumbo.
Frente a las amenazas que hoy inquietan a nuestra nación, quizá la pregunta más importante no sea qué sucederá mañana, sino qué haremos nosotros hoy.
El temor no puede reemplazar la fe, ni la ansiedad sustituir la oración. Los momentos de incertidumbre deben despertar en nosotros humildad, arrepentimiento y un renovado compromiso con los valores que sostienen una sociedad.
Definitivamente, esta es la hora de preguntarnos: cuando Dios recorra nuestra nación buscando un intercesor, ¿encontrará quien se ponga en la brecha por República Dominicana? Porque las grandes transformaciones de una nación siempre comienzan cuando un pueblo decide volver su corazón a Dios y empieza a hacer lo que es necesario.
Definitivamente, esta es la hora de dejar de ser espectadores y convertirnos en intercesores. De volver a Dios, de levantar el muro de la oración y de preguntarnos con sinceridad: ¿Encontrará el Señor quien se ponga en la brecha por nuestra nación?





