
Por: Dra. Claudia Hernández
En mi caminar diario por los barrios, hospitales y escuelas de nuestra República Dominicana, he sido testigo de una realidad que nos duele, pero que también nos desafía: la carga silenciosa del cuidado. Atender a nuestros niños, a nuestros adultos mayores y a quienes viven con discapacidad es un acto de amor, pero cuando recae únicamente sobre los hombros de la mujer, se convierte en un freno para su propio desarrollo.

Como abogada y analista, no puedo dejar de mirar nuestra Constitución dominicana, que en sus artículos 55, 56, 57 y 58 nos manda a proteger a la familia, a la niñez, a nuestros mayores y a las personas con discapacidad. Sin embargo, las leyes sin una estructura que las respalde son solo letras en un papel.
La reciente aprobación en primera lectura del proyecto de ley que crea el Sistema Nacional de Cuidados en el Senado marca un hito histórico. Este avance no solo valida la urgencia de reconocer el cuidado como un derecho, sino que nos invita a seguir participando activamente en el proceso de revisión y mejora que actualmente se desarrolla en las comisiones legislativas, asegurando que la normativa final responda realmente a las necesidades de nuestras familias.
Esta lucha no es ajena al Reino. La Biblia, en Gálatas 6:2, nos da la clave: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo». Como nación, debemos sobrellevar esta carga juntos. No se trata de desplazar a la familia, sino de darle el apoyo que merece. Jesús, quien siempre tuvo compasión por los vulnerables, nos dejó claro que servir es el mayor de los honores (Hechos 20:35).
Desde el Ministerio Diaconisa, hemos dedicado décadas a trabajar por el prójimo, porque sabemos que «el que se compadece del pobre, al Señor presta» (Proverbios 19:17). Esa misma compasión es la que hoy le pedimos a nuestros legisladores: que tengan la valentía de aprobar este Sistema Nacional de Cuidados.
Es momento de que transformemos nuestra empatía en leyes que protejan la dignidad humana. Un país que organiza su estructura para cuidar a los suyos es un país que, bajo la bendición de Dios, asegura un futuro de equidad.
Oye, multitud, es tiempo de que nuestra voz se convierta en acciones de justicia social. ¡Es hora de cuidar a quien cuida!




