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Seguridad y Salud en el Trabajo: el derecho a regresar a casa con vida y dignidad

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Por Fabiola del Orbe, psicóloga

Cada día, miles de dominicanos salen de sus hogares con un mismo propósito: trabajar para sostener a sus familias y construir un mejor futuro. Sin embargo, no todos regresan en las mismas condiciones. Hablar de seguridad y salud en el trabajo en República Dominicana no es solo una formalidad institucional; es hablar de vidas que dependen de decisiones, de prevención y de una cultura que aún está en proceso de transformación.

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La Seguridad y salud en el trabajo no se limita al uso de cascos, guantes o normas escritas en un reglamento. Es un enfoque integral que busca proteger el bienestar físico y mental de los trabajadores. Sin embargo, en la práctica, muchas veces estas medidas se aplican de manera superficial o, peor aún, se ignoran hasta que ocurre un accidente.

En sectores como la construcción, el transporte, la manufactura y el comercio informal, los riesgos laborales son una realidad constante. Jornadas extensas, condiciones inseguras, falta de equipos adecuados y supervisión limitada forman parte del día a día de muchos trabajadores dominicanos. Y lo más preocupante es que, en ocasiones, estas situaciones se normalizan como “parte del trabajo”.

Como psicóloga, considero fundamental visibilizar un aspecto que pocas veces se aborda: la salud mental en el entorno laboral. El estrés, la presión constante, el acoso laboral y la inestabilidad económica afectan profundamente el bienestar emocional de los trabajadores.

Un empleado agotado, ansioso o desmotivado no solo ve afectada su calidad de vida, sino también su rendimiento y su seguridad. Un entorno laboral tóxico puede ser tan peligroso como uno físicamente inseguro.

En República Dominicana, aún existe una brecha importante entre lo que establecen las normativas y lo que realmente se cumple. Aunque hay avances en materia de regulación, la
supervisión y la aplicación efectiva siguen siendo desafíos. No basta con tener leyes; es necesario que se cumplan y que exista una verdadera cultura de prevención tanto en
empleadores como en empleados.

La seguridad laboral no debe verse como un gasto, sino como una inversión. Empresas que priorizan el bienestar de sus trabajadores no solo reducen accidentes, sino que también
mejoran su productividad, fortalecen su reputación y construyen relaciones laborales más saludables. Cuidar al trabajador es cuidar el corazón mismo de cualquier organización.

Pero este cambio no depende únicamente de las empresas. También es responsabilidad del Estado fortalecer los mecanismos de inspección, garantizar el cumplimiento de las normas y
promover campañas de concienciación. Y como sociedad, debemos dejar de normalizar el riesgo y comenzar a exigir condiciones laborales dignas y seguras.

Es importante recordar que detrás de cada trabajador hay una familia que espera su regreso. Cada accidente laboral no es solo una estadística, es una historia que cambia, un hogar que se ve afectado, una vida que pudo haberse protegido. La prevención no es opcional; es una responsabilidad ética y social.

En este contexto, la educación juega un papel clave. Formar a los trabajadores sobre sus derechos, enseñar prácticas seguras y fomentar una cultura de autocuidado puede marcar
la diferencia. La seguridad comienza con la conciencia, pero se fortalece con acciones concretas.

Hablar de seguridad y salud en el trabajo es, en esencia, hablar de dignidad humana. Nadie debería arriesgar su vida para ganarse el sustento. En República Dominicana, aún tenemos
camino por recorrer, pero el primer paso es claro: dejar de ver la prevención como una obligación y comenzar a entenderla como un compromiso con la vida.

Porque al final del día, el verdadero éxito de cualquier jornada laboral no está solo en lo que se produce, sino en que todos puedan regresar a casa sanos, seguros y con esperanza.

Fabiola del Orbe, psicóloga.