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La propaganda es olfativa política en RD: Mentira o verdad

Maguá Moquete Paredes
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Maguá Moquete Paredes

En la política se implementan una variedad de métodos, que incluyen promover las propias opiniones políticas entre las personas, negociar con otros sujetos políticos, hacer leyes y ejercer la fuerza, incluida la guerra contra los adversarios. La política se ejerce en una amplia gama de niveles sociales o sociedades tradicionales, pasando por gobiernos locales, empresas, instituciones modernas y estados soberanos, hasta el nivel global.

En los estados nacionales modernos, la gente forma partidos políticos para representar sus ideas. Los miembros de un partido acuerdan adoptar la misma posición en muchos temas y aceptan apoyar proyectos de ley de sus líderes. Una elección suele ser una competencia entre diferentes partidos. Un sistema político es el ímpetu que define métodos políticos aceptables dentro de una sociedad contemporánea.

La ciencia política constituye un segmento o su conjunción política de las ciencias sociales que se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad, compuesta por seres humanos libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva.

Aunque hoy el término propaganda asume a veces tintes negativos, en alusión al uso de estrategias deshonestas, ese no era el sentido original. Al parecer, la palabra procede del nombre latino de un cuerpo de cardenales católicos: la Congregatio de Propaganda Fide (Congregación para la Propagación de la Fe). Esta comisión, denominada propaganda para abreviar, fue establecida por el Papa Gregorio XV en 1622 para supervisar a los misioneros. Poco a poco, propaganda vino a designar todo esfuerzo encaminado a diseminar una creencia.

Pero el concepto de propaganda no nació en el siglo XVII. Desde antiguo, se ha valido de todo medio a su alcance para difundir ideologías o fortalecer su prestigio y poder. Verbi gratia: los faraones ya utilizaban el arte con fines propagandísticos. Estos monarcas egipcios concibieron sus pirámides para proyectar una imagen de poder y permanencia.

Así mismo, la arquitectura romana satisfacía un interés político: la exaltación del Estado. La voz propaganda comenzó a adquirir un cariz generalmente negativo en la I Guerra Mundial, al intervenir los gobiernos para manipular las noticias que se divulgaban durante la contienda. Durante la II Guerra Mundial, Adolf Hitler y Joseph Goebbels dieron pruebas de ser propagandistas consumados.

Tras la II Guerra Mundial, la propaganda se convirtió en un instrumento de creciente importancia en la promoción de las políticas nacionales. Tanto el bloque occidental como el oriental lanzaron campañas en todos los frentes para atraer a su causa a los ciudadanos que aún no se habían decantado por ningún bando. Se explotaron con fines propagandísticos todos los aspectos de la vida y la política de las naciones.

En las campañas electorales, así como en los anuncios de las tabacaleras, en las empresas licoristas, y más…, es evidente el empleo de técnicas cada día más depuradas. También, se ha utilizado a supuestos expertos y otras personalidades para transmitir la imagen de que fumar constituye un hábito elegante y saludable, en vez de presentarlo como lo que es en realidad: un peligro para la salud pública.

El truco más fácil de que dispone el propagandista es la utilización de mentiras rotundas. Otra táctica muy eficaz son las generalizaciones, que tienden a oscurecer aspectos importantes de los verdaderos puntos en juego y suelen emplearse para denigrar a colectividades enteras. A saber: hay países europeos donde se oye y se escribe constantemente que «los gitanos (o los inmigrantes) son funestos». Pero, ¿es cierta esta expresión?

Hay quienes denigran a sus adversarios ideológicos; para ello suscitan dudas sobre su reputación o sus motivos, en vez de atenerse a la realidad. De este modo, le colocan a la persona, agrupación o idea una etiqueta negativa y fácil de recordar. Los que recurren a las descalificaciones esperan que estas tengan aceptación. La estrategia funciona si logra que el público rechace a ciertos ciudadanos o conceptos por la simple etiqueta, sin evaluar los hechos por sí mismos.

Las descalificaciones han desempeñado un rol poderosísimo en la historia universal. Han destruido reputaciones, han enviado gente a las celdas y han enardecido a personas al grado de haber ido a la batalla a matar al semejante.

Aunque los sentimientos sean irrelevantes en lo que respecta a la objetividad de la información o la lógica de un argumento, resultan esenciales para persuadir. Los llamamientos emocionales son obra de publicistas expertos, que tocan las fibras afectivas con la maestría de un virtuoso pianista.

Los lemas o símbolos son declaraciones genéricas que suelen emplearse para manifestar una postura u objetivo. Dada su vaguedad, es fácil concordar con ellos. El propagandismo también tiene una amplia gama de signos para transmitir su mensaje.

Como vemos, el astuto propagador puede paralizar el pensamiento, impedir que se razonen y analicen los asuntos con claridad, y condicionar a las personas a actuar en masa. ¡No se deje usar! Peor en la política vernácula.

Maguá Moquete Paredes, es Periodista, Politólogo y Analista Internacional.