
La buena oralidad refleja de manera directa la personalidad y el nivel de formación de cada individuo, ya que el hablar no es solo un acto mecánico, sino una manifestación de los pensamientos, sentimientos y valores que habitan en el interior de la persona. Por ello, resulta fundamental comprender que las palabras tienen su origen en la mente, y que mejorar la forma de expresarnos implica, en primer lugar, elevar la calidad de nuestros pensamientos. Una comunicación efectiva exige prudencia, claridad, respeto y dominio del lenguaje, evitando expresiones impulsivas o negativas que puedan afectar a los demás. Asimismo, la influencia del entorno, de lo que vemos, leemos y escuchamos, juega un papel determinante en la construcción de nuestro discurso.
Cultivar ideas positivas, rechazar contenidos perjudiciales y fomentar valores éticos contribuye a una expresión más limpia y constructiva. Hablar con propiedad, buena dicción y tono adecuado no solo mejora nuestras relaciones personales, sino que también fortalece nuestra imagen profesional y social. En definitiva, quien domina su manera de hablar, domina en gran medida su capacidad de influir, comunicar y proyectar una imagen coherente, respetuosa y auténtica ante los demás.

Tengo las palabras que comienzan siendo pensamientos dimensionales. Por tanto, quien desee mejorar su manera de comunicar, primero debe acrecentar su manera de pensar. Cuando las cosas sean verdaderas, cuando sean de seria consideración, cuando sean justas. Igualmente, que sean castas, que sean amables, de buena reputación, asimismo, con la virtud que haya y en circunstancia que sea digna de alabanza. El ser humano debe ser capaz de mantener la lengua bajo perfecto control. Aún así, es necesario calcular bien lo que se va a decir. La reputación en lo profesional, al igual que el éxito o el fracaso en las relaciones personales, dependen a buen grado de la forma de comunicar o hablar de uno.
La Santa Biblia explica que es como una ventana que permite a los demás ver nuestro interior y descubrir nuestro verdadero yo. De la abundancia del corazón habla la boca. En efecto: el hablar refleja los sentimientos, pensamientos y emociones que nos definen. Por eso es vital examinar detenidamente nuestra manera de expresarnos.
Si sigue este atinado consejo, le será más fácil desechar los endebles pensamientos. Recuerde que la mente se nutre de lo que uno ve y lee. De modo que para evitar los pensamientos negativos, hay que rechazar las influencias de repulsa, como las acciones violentas e inmorales. Pero no basta con eso. También es necesario concentrarse en ideas límpidas y positivas.
“Existe el que habla irreflexivamente como las estocadas de una espada, pero la lengua de los sabios es una curación.” Si descubre que sus palabras son como espadas que hieren los sentimientos ajenos, procure pensar antes de hablar. Siga el sabio consejo: “El corazón del justo medita para responder, pero la boca de los inicuos hace salir burbujeando cosas malas.”
Otto Orlando Rivera Sánchez tuvo la sapiencia de fundar el 1 de noviembre del 1965, la formadora vocacional: Escuela Nacional de Locución, Prof. Otto Rivera (ENLPOR). Me honro de ser graduado con distinción de locutor el 3 de noviembre del 1973, con el carnet oficial 3057, de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR), expedido el 31 de mayo del 1974, y miembro distinguido del Círculo de Locutores Dominicanos, Inc. (CLD), de esa institución de firme raigambre en la cultura de la República Dominicana.
Destaco también a la distinguida dama, señora Marisol Pérez Castillo Vda. Rivera, administradora y a los profesores que siempre están actualizados en el fragor del conocimiento integral en la oralidad nacional e internacional.
Esfuércese por no expresar lo primero que le venga a la cabeza, ante todo si se siente provocado. Hágase el firme propósito de hablar con prudencia, apacibilidad y satisfacción. Que los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón lleguen a ser placenteros. Debe utilizar el don del habla de un modo que lo haga agradable a la vista de todos.
Arreglarnos frente a un espejo nos ayuda a estar más presentables y nos da confianza. Lo mismo sucederá si nos miramos en el espejo de la auténtica comunicación oral y mejoramos nuestra forma expresiva. No proceda de su boca ningún dicho corrompido, sino todo dicho que sea bueno para la edificación según haga necesidad, para que imparta lo que sea favorable a los oyentes.
Que su comunicación siempre sea con gracia, educación, cultura, fluidez, dicción, entonación y en un tono diáfano y amistoso. Así cada palabra formará una comunicación efectiva y afectiva en el gran contorno personal y en el espacio de las ondas hertzianas globales.
Maguá Moquete Paredes, es Periodista, politólogo y analista internacional.




