
Por. Marlene Lluberes
En un mundo marcado por la incertidumbre, el Salmo 33 emerge como un
llamado urgente y poderoso: volver al estado natural del creyente, la
alegría, la rectitud y la confianza plena en Dios.

Este salmo no es simplemente una poesía antigua; es una declaración
viva que revela cómo debe posicionarse el corazón del hombre frente a su
Creador. Desde su primer verso, se establece un imperativo claro:
“Canten a Adonay con alegría, ustedes los justificados; para los rectos la
alabanza es hermosa” . No se trata de una sugerencia, sino de una
instrucción divina.
El gozo como estado espiritual, no emocional.
La alegría aquí no depende de circunstancias externas. Es una condición
espiritual; una expresión intensa que puede manifestarse incluso en
medio de la adversidad. Es el mismo principio que más adelante reafirma
el Mesías cuando llama a regocijarse aún en la persecución.
El mensaje es claro: quien ha sido justificado no debe perder la noción
del gozo. La tristeza podrá tocar la puerta, pero no puede gobernar el
corazón.
Es más que cantar. Se trata de proclamar las obras poderosas de Dios: la
creación, la liberación de Egipto y la redención a través del Mesías. Estas
no son historias del pasado, sino fundamentos que sostienen la fe
presente.
La verdadera alabanza no es solo musical; es una vida que anuncia
continuamente lo que Dios ha hecho. Las cuerdas espirituales que
sostienen la vida ya que uando el salmo habla del arpa y sus cuerdas, no
se limita a instrumentos musicales, reflejan principios eternos: verdad
(emet), justicia (mishpat) y paz (shalom). A esto se suman otros pilares
como la fe, la esperanza y el amor, así como la justicia, la paz y el gozo en
el Espíritu.
La vida del creyente debe estar afinada con estos principios. No basta
con conocerlos; hay que “tocarlos bien”, es decir, vivirlos con excelencia,
expresando un cántico nuevo, el cual debe estar basado en el evangelio.
Se expresa cuando la vida comienza a alinearse con la voz de Dios,
cuando se aprende a discernir Su dirección y a caminar en ella.
El salmo enfatiza que la palabra de Dios es recta, inmutable y fiel. Todo lo
que Él hace está respaldado por su fidelidad. No actúa fuera de lo que ha
establecido.
Frente a esto, se desmonta una gran ilusión humana: la confianza en la
fuerza propia. Ni ejércitos, ni recursos, ni estrategias garantizan la
victoria. La verdadera seguridad proviene únicamente de Dios.
Jamas podemos olvidar que, mientras hacemos este estilo de vida lo
natural en nuestras vidas, nuestro ‘Elohim sostiene su mirada
especialmente sobre aquellos que le temen y esperan en su misericordia.
A ellos promete protección, provisión y vida, incluso en tiempos de
escasez.
El Salmo 33 concluye con una verdad contundente: hay seguridad, gozo y
firmeza para quienes viven en rectitud delante de Dios.
No se trata solo de creer, sino de alinearse con principios eternos:
verdad, justicia, paz, fe, esperanza y amor. Esta es la evidencia de una
vida transformada.
Hoy más que nunca, este mensaje resuena con fuerza:
Nuestra esperanza no está en lo visible, sino en lo que Dios ha dicho.
No seremos movidos por las circunstancias, sino afirmados por su
palabra.
Porque, al final, una cosa es segura:
el que confía en el Señor, jamás será avergonzado.




