
Por: Fidel Lorenzo Merán
En los últimos días ha resurgido una propuesta que, por descabellada, no deja de preocupar: la posible fusión del Ministerio de Educación (MINERD) con el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT). Una decisión de este tipo representaría no una evolución del Sistema Educativo Dominicano, sino su colapso definitivo.

Desde su creación, la MESCyT ha estado llamado a responder a una necesidad nacional impostergable: articular el conocimiento con el desarrollo del país. Su misión fundamental era impulsar la ciencia, la tecnología, la investigación, la innovación y el desarrollo de patentes que posicionaran a la República Dominicana en el mapa del conocimiento global. También debía contribuir a la formación de profesionales capaces de responder a las demandas de una economía dinámica y globalizada. Sin embargo, estas metas siguen siendo una deuda pendiente.
A más de dos décadas de su fundación, la inversión estatal en educación superior continúa siendo baja, y el apoyo a las universidades especializadas, casi inexistente. La formación técnica profesional está desconectada de las necesidades del aparato productivo. Mientras tanto, los jóvenes egresan con títulos que poco o nada les garantizan en el mercado laboral. El país pierde talentos cada año por falta de oportunidades, visión estratégica y estímulo a la innovación.
Por otro lado, el MINERD es, con diferencia, el ministerio con el mayor presupuesto del Estado. Sin embargo, su incapacidad para garantizar una educación básica y media de calidad es alarmante. A pesar de los recursos millonarios, la corrupción se ha convertido en una norma, no en una excepción. El despilfarro, la ineficiencia y la improvisación siguen afectando todos los niveles de gestión.
Los bajos salarios del personal administrativo, la escasa formación continua de los docentes y la falta de políticas públicas coherentes reflejan una estructura que no logra levantar vuelo. Año tras año se anuncian reformas, cambios curriculares y nuevos planes, pero la calidad educativa permanece estancada.
En este contexto, proponer una fusión entre MINERD y MESCyT no es una medida de racionalización, sino un golpe mortal al sistema educativo nacional. Una estructura ya colapsada no puede asumir más responsabilidades sin antes sanearse. Esta decisión, de concretarse, significaría un retroceso sin precedentes. Dos instituciones que ya muestran severas deficiencias por separado, al unirse, no resolverán sus fallos; los multiplicarán.
La educación básica, media y superior requieren estrategias diferenciadas, enfoques especializados y una planificación independiente. Lo que se necesita es fortalecimiento institucional, no unificación administrativa.
Por eso, alzamos la voz con respeto, pero con firmeza:
Señor Presidente, no lo haga. No someta al sistema educativo a una carga mayor de la que puede soportar. No improvise con el futuro de nuestros jóvenes.
No fusione lo que debe ser fortalecido por separado. La Educación Dominicana no necesita un experimento; necesita Dirección, Visión y Compromiso real.




