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Punta Cana: El paraíso de postal… donde el infierno tiene acento extranjero y la ley duerme bajo una palmera

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Otto Mañón

En República Dominicana tenemos la insólita habilidad de vender sueños al turista mientras servimos pesadillas al dominicano. La reciente entrevista al líder comunitario José Miguel Padilla no sólo nos abrió los ojos: nos sacudió el alma. Mientras el Estado exhibe con orgullo la marca “Punta Cana” como símbolo de desarrollo, la realidad que se esconde tras los resorts es más parecida a un episodio sin censura de “Narcopaíses: el Caribe oculto”.

En Matamosquito, Los Corales y otros puntos neurálgicos del este del país, el turista pisa asfalto roto, la autoridad pisa con miedo, y las bandas haitianas pisan fuerte. El testimonio de Padilla, respaldado por años de liderazgo en juntas de vecinos, revela un sistema parasitado por mafias que operan a la vista gorda del gobierno. Hay trata de personas, prostitución infantil, bandas con más logística que la Policía Nacional, y una sustitución sistemática de la mano de obra dominicana. Y mientras tanto, el Ministerio de Turismo parece más enfocado en hashtags y videos motivacionales que en enfrentar la podredumbre estructural.

¿Se imaginan al Secretario de Estado de EE. UU. permitiendo que bandas mexicanas controlen el acceso a Central Park? ¡Pero aquí eso es Punta Cana! Nuestro Central Park playero es hoy el patio trasero de mafias extranjeras, con drones derribados por turbas, memorias confiscadas, y hasta la ONU saliendo escoltada. Eso no es folklore caribeño. Eso es impunidad internacional.

No faltan recursos: lo que falta es dignidad estatal. Punta Cana genera más que la Barrick, pero mientras el oro de Cotuí se lleva en lingotes, el turismo se drena en tuberías imaginarias. No hay acueductos, ni sistema de aguas residuales, ni drenaje pluvial. Hay lujo, pero no Estado. Hay turistas, pero no hay justicia. Hay millones, pero no hay gobierno.

Y en medio de todo esto, se espera que el dominicano del este, al borde del colapso social, abrace el multiculturalismo como si fuera el nuevo evangelio. ¡Pero no! La Biblia no nos llama a tolerar el pecado estructural ni la injusticia institucional. Nos llama a la verdad, al arrepentimiento, y a poner orden en la casa.

Es hora de que el Presidente Abinader despegue los pies de la pista de aterrizaje y pise el lodo de Los Corales. Que el Ministro de Turismo, David Collado, haga turismo de realidad en vez de reels de propaganda. Y que el Ministro de Trabajo, Eddie Olivares, revise cuántos empleados haitianos indocumentados han sustituido a dominicanos con derechos.

¡Basta ya de ser la alfombra que limpia los pies de intereses ajenos! Si no defendemos nuestra soberanía en Punta Cana, no habrá frontera lo suficientemente fuerte que nos salve en Dajabón.

«Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda» (Deuteronomio 27:19). Pero peor aún el que pervierte el derecho del ciudadano y se arrodilla ante mafias extranjeras.

#POLICristianizando

Otto Mañón es pastor de Iglesia Casa de Bendición Inc., Marietta, GA, freelancer comunicador, miembro de la Coalición Dominicana de Atlanta Georgia y ex editor de los medios hispanos de Pennsylvania Esperanza Comunitaria, Acento Hispano News y @tiempo news.