Tomás Rubio
Nos toca a los adultos enseñar a los niños algo que habitualmente nosotros hacemos muy mal. Decía el poeta que para conversar primero hay que escuchar. Normalmente hacemos lo contrario, primero hablamos. Para empezar, podríamos mirar a la persona con la que hablamos, en vez de mirar el celular o la televisión, por poner un ejemplo cotidiano. Porque es curioso que gastemos tanto empeño en recordar a los niños que nos miren a la cara cuando nosotros no lo hacemos. Eso, dirán los niños sobre los adultos, es tener mucha cara. Y esto nos toca a todos, padres, madres, terapeutas, educadores.

En la escuela nos enseñaron que en la comunicación intervienen tres elementos: emisor, medio y receptor. Podríamos hablar de algunos más. Pero nos vamos a detener en dos. En el proceso de la comunicación pasamos de ser emisores a receptores y viceversa. Ambas posiciones son indispensables para que se dé la comunicación y debemos desempeñarlas cuidando algunos aspectos. Si somos emisores lo primero es no creernos importantes ni manipular lo que decimos. La mentira y las medias mentiras debieran marcharse. En segundo lugar, comunicar con claridad y recordando a quién tenemos como receptor. Cualquier información puede transmitirse a cualquiera, siempre que adaptemos el mensaje a quién lo va a escuchar. Tomen nota políticos, médicos, psicólogos y terapeutas, abogados, etc.
Y como receptores, por ahí iniciamos este artículo: escuchar es una acción activa que implica algo más que solo oír.
Para desarrollar la habilidad de la escucha activa y también la de ser emisores claros, con los niños podemos realizar muchas actividades. Desde el teatro les invitamos a dos que solemos hacer en nuestras sesiones.
El sombrero escuchador
Sencillamente elegimos un sombrero que tengamos o compremos, lo colocamos en un lugar de la casa y que sepa toda la familia que ese sombrero es solo para escuchar, que quien se lo pone o se lo ponen solo podrá escuchar. Naturalmente cuando lo utilicemos, las personas que estén en la conversación podrán irse intercambiando el sombrero escuchador. Sabemos de familias, maestros y terapeutas a las que les ha ido muy bien la experiencia.
Los títeres
También son un buen medio para entrenaros en la escucha. Y como siempre les recordamos que no es necesario comprar títeres por internet o en la tienda. Se puede, pero para vivir el teatro de títeres podemos hacer nuestros propios títeres en casa con elementos que todos tenemos a mano. Una vez que están hechos los títeres, propiciar una escucha atenta es sencillo. Pueden jugar dos niños con los títeres y nosotros vamos estableciendo la toma de turnos, recordando que no necesariamente es la toma de la palabra, pues el teatro no es solo palabra sino también silencios y acción. Además, eso permite a los niños preverbales también irse entrenando en la escucha.
Tomás Rubio
Equipo Lantana (Santo Domingo)
Un espacio de arte y bienestar.
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Tomás Rubio es escritor y profesor de Teatro, Chi kung y Escritura creativa. Se inició en el Teatro Creativo Sanador y el Chi Kung (movimiento sanador) en la Escuela Neijing. Junto a la artista gráfica Bianka Reyes, es codirector de Lantana. Forma parte del equipo de Terapias Artísticas del Caid de Santo Domingo.




