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¿Quién tiene la culpa?

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ANONIMO – RELATO DE UN HECHO REAL

Enfrentar un embarazo con apenas 15 años, y sentir tronchados tus sueños y aspiraciones, cuando representas la esperanza de tu familia para salir de la pobreza extrema que te ha acompañado por décadas, son partes de los retos con los que tuvo que lidiar Matilda Reinoso, quien, sin darse cuenta de las consecuencias de su acción, cayó en la trampa de concebir a destiempo.

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“Con el miedo de ser fuertemente reprochada por mis padres y la vergüenza social que me esperaba por ser hija de personas que gozaban de una muy alta reputación, asumí sola mi estado, sin tener las atenciones medicas necesarias para este caso, honraré la terrible situación que provocaron que mi embarazo sea de alto riesgo con posibilidad de no poderle ver la carita a la criatura que había caído en mi vientre.”

“Los malos momentos comenzaron a hacer acto de presencia en mi vida, y ya no podía seguir ocultando mi vientre, el cual como un globo de cumpleaños, cada día se iba inflando debajo de mis largas blusas, las cuales usaba para ocultar lo que por un largo tiempo consideré mi vergüenza, y con la cual no quería vivir, ni a veces asumir, no solo por mí, sino por mis padres, que estoy segura que sufrirían un estancamiento funcional del corazón.”

“Pasaron los primeros 3 meses de mi triste estado y no pude más. No pude seguir pidiendo permiso cada 10 minutos y a veces hasta menos ,  al profesor,  para ir al baño a arrojar todo lo que el día anterior había ingerido como alimento y durar de 20 a 25 minutos sentada en el retrete contemplando mi situación actual. A veces me llegaron pensamientos de suicidio, de aborto, de alejarme tanto de todos, que no supieran de mí mientras les quede vida. Fue ahí cuando empecé a preguntarme, ¿quién tiene la culpa?

¿Quién es el culpable de que tenga que pasar hambre? sin encontrar a alguien que se ocupe de mí y de mi situación, la cual se convertía cada día en una situación insostenible para mí, con apenas 15 años de edad, embarazada y con riesgo de perder a mi criatura, me pregunto una y otra vez,  ¿quién es el culpable de que me tenga que pasar esto a mí.

Hija de una familia pobre pero honrada, de una familia de recursos escasos, pero con la dignidad bien en alto y que esa dignidad ha sido por mucho tiempo.

“Lamentablemente a mis 6 meses de embarazo me vi en la triste decisión de abandonar los estudios cursando el tercer nivel de la educación secundaria.

Embarazada, empujada por mi padre que no  tuvo la capacidad mental para sobrellevar la enfermedad de mi madre que fue diagnosticada con diabetes y que los cambios de sus niveles de azúcares en la sangre producían en ella un estado de ánimo no muy agradable, y me obligaron a salir de la casa de mis padres y buscarme un empleo de medio tiempo en el supermercado de una prima,  para costear mis gastos y los de mi embarazo que por su situación conllevaba mucho dinero.

A 8 meses de embarazo, siguieron  las pericias y los amargos momentos. La soledad seguía siendo mi compañera cada noche, creando un monologo con su niño que por más de 7 meses solo la escuchaba decir cuánto lo amaba y cuánto deseaba que llegara el momento en que él tuviera la oportunidad de salir a ver el sol junto a su ella cada mañana, razón por la que no le di rienda sueltas a aquel pensamiento malsano de aborto,  el cual de materializarse, no me permitiría a su niño  ver la luz del día, ni ser la persona que un día pensaba  su madre que será, describe Matilda.

La única persona culpable de mi situación, es aquella que pudiendo desechar sus emociones, optó por darle riendas sueltas a sus instintos febriles de probar lo prohibido, cayendo en la trampa de sus actos, sin importarle los consejos hermosos y bien intencionados de sus padres, “mija cuídese por ese camino a la escuela que no todo el mundo e’ sano “, me dejé llevar mejor de Miosotis que a sus 17 años tiene dos hijos.

Matilda Reynoso es la culpable de aquellas noches amargas sin dormir, porque la criatura en su vientre no se quedó tranquila ni un instante durante muchas noches, yo debí pensarlo mejor, antes de cometer la terrible desgracia de entregarle mi virginidad a un fatal que no valoró mi inocencia, que no valoró mi condición de estudiante, que no valoró a mis padres que, aunque pobres, muy serios”, afirma la joven madre.

Su niño nació con ciertas condiciones de salud,  producto del  poco seguimiento médico, debido a  los momentos que vivió durante los primeros meses de embarazo, con  la condición de escasez que vivía en casa de sus padres, creció y ya tiene 4 años.

Un día se le ocurrió la “brillante idea” de preguntarle a su madre ¿quién era su padre? a lo que ella contesto que él no tenía padre. Entonces fue cuando el niño lleno de curiosidad debido a sus momentos de soledad paterna y demostrando una sabiduría superior a su edad, le preguntó a su madre, “y si yo no tengo padre, ¿quién tiene la culpa?”