Inicio Nacionales Tan útil para unos, tan inútil para tantos.

Tan útil para unos, tan inútil para tantos.

PUBLICIDAD

Tomás Rubio

Es cierto que el edificio, al que todos llamaban EL CENTRO, era lindo. Se elevaba sobre las casitas y desde lejos los niños veían sus colores. El exterior era imponente y al tejado lo adornaban muchas banderas de los países y organizaciones internacionales que apadrinaron su construcción. En la puerta había placas conmemorativas, las de los patrocinadores y las de aquellos funcionarios que una vez pasaron por allí para inaugurar algo. Una recordaba la finalización de la construcción, otra la apertura, había una placa por una remodelación e incluso las había que conmemoraba la creación del jardín o la conexión del edificio al internet. Cada placa era de un político diferente.

El interior también era bonito y contenía todo lo necesario para su buen funcionamiento, además de un buen número de empleados públicos con cara de aburrimiento. Lo que no había – y eso me llamó la atención – eran usuarios. Entonces pregunté a la persona que me mostraba el lugar. No lo sabemos – me respondió – aquí tienen todo lo que necesitan. La verdad es que al pueblo no hay quien lo entienda – concluyó -.

Cuando finalizó la visita guiada, salí del edificio desconcertado y decidido a investigar por qué las personas, a las que mi anfitriona había llamado pueblo, eran tan desconsiderados con la administración pública y las organizaciones internacionales, en sus esfuerzos para llevarles cultura, salud y otras atenciones.

La respuesta era sencilla y bastaba con visitar las casitas que había al otro lado de la carretera, justo donde empezaban los barrios donde vivía…el pueblo. Y como la mejor forma de empezar una investigación de este tipo es hablando con las mujeres, me dirigí a una asociación comunitaria donde trabajaban por la mejoría del barrio – sin cobrar – algunos hombres y… muchas mujeres.

Me recibió la vicepresidenta de la asociación porque el presidente estaba en una reunión política. Se llamaba Luz y sentí que ella era la que me iba a iluminar. Le pregunté por qué no iban al CENTRO,y sus argumentos fueron clarividentes. El problema – me dijo – es que está lejos de donde vivimos, además de que hay una carretera con mucho tráfico, peligrosa para todos, pero sobre todo para los ancianos y niños que viven en las casitas más próximas y podrían acercarse a pie.

Antes todo era más fácil – continuó diciéndome – porque en cada barrio había un centro comunitario donde iban los vecinos. Sí, eran sencillos, pero funcionaban y daban servicio, que es lo importante. Pero a los políticos se les metió la idea de que, construyendo ese gran edificio, se podría atender a todos. Y mire, nadie va. ¿Pero no tuvieron en cuenta sus experiencias, sus opiniones? – le pregunté -. Y sonrió. Señor – me explicó – si viera usted el montón de gente importante que se hace fotos en sus puertas.

No hacían falta más aclaraciones. Antes había muchos centros y ahora un CENTRO. Tan grande, tan lejos. Tan útil para unos, tan inútil para tantos.

Tomás Rubio / Equipo Di Capacidad (Santo Domingo) Di Capacidad es un espacio inclusivo de arte y educación humanista. 809 434 1111