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¿UNA MISMA CARNE O PILTRAFA DIVIDIDA?

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Por. Jenny Matos

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:21-24).

Emocionalmente, espiritualmente, financieramente y en cualquier otro aspecto posible la pareja debe convertirse en uno. Una fusión indisoluble, así como una parte del cuerpo cuida de las otras partes del organismo. Efesios 5:22-23 y Proverbios 31:10-31, nos hablan en sentido amplio de esta “unidad” y del papel del esposo y la esposa respectivamente. Nótese la palabra resalta “dejará”; si no se dejan algunas costumbres, prácticas y personas nunca serán una misma carne. Hay que cortar cordones umbilicales para que el asunto funcione. Abraham le fue necesario salir de su tierra y su parentela. Años muchos más tarde tuvo que dejar a Agar y a Ismael. Luego tuvo que despachar a Lot. Hay parientes que se comen las señales rojas del peligro y juegan a pasarse de las rayas del respeto.

“Hay que dejar las mañas viejas y malas conductas aprendidas, ya que ser cristiano o “pastor” o cualquier otro líder espiritual no es un “Seguro Pepín” para el matrimonio. Pasarse el rojo puede llevar hasta obtener la multa de un divorcio.

Cuando tercero, parientes, amigos y allegados usan el serrucho de la intromisión, el cuchillo del irrespeto, la sierra del exceso de falta de espacio, convertimos al pedazo de carne en dos pedazos distintos, separamos al bistec que Dios unió, convirtiéndolo en una piltrafa, un pedazo de carne inservible, disociado y disfuncional.

En teoría queremos que los matrimonios permanezcan juntos, pero, en la práctica vivimos metiéndonos en lo que no nos importa. Tomamos atribuciones y derechos que no nos fueron conferidos en las relaciones de pareja de nuestros parientes, allegados y amigos, siendo un lastre que daña la relación.

Mujer, el sacerdote de tu casa es tu marido, no tu madre o padre. Mucho menos un sobrino, un cuñado, un suegro o amiga, así que, deja de recibir directrices de ladrones de posiciones. Le robas la autoridad al padre de la casa cuando escuchas a un “fresco” metiéndose en lo que no le importa.

La uña le duele al dedo, cuando creemos ganarle a nuestro cónyuge es victoria pírrica. Es imposible destruir a uno sin destruir al otro, ambos se hunden juntos. El hombre que le hace daño a su esposa a sí mismo se lo hace y al revés. Si estamos quitándole la paz a un lado de la barca el otro lado terminará zozobrando también. No hagamos carne molina ni tiritas de pollo de la pareja, colaboremos a que se mantengan unidos en Dios. Un clavo no saca a otro clavo, agranda el agujero emocional. El clavo lo saca el mismo martillo, por la parte posterior. En la desesperación se cometen muchos yerros.

Si no te importa el dolor de tu pareja, es como si no fuera parte tuya, sino una prótesis que se golpea insensiblemente y solo te sirve para tapar el defecto físico del pedazo que te falta. ¡Hombres, recuerden que las oraciones estarán condicionadas de cómo trates a tu mujer! Mujer no “juegues a negarle la bendición”, en tiempos peligrosos como estos Dalila anda suelta y dispuesta a todo.

En ocasiones cuando hay ministerios, se suscitan en las familias los celos y guerras por posiciones. En el intento de bloquear el desarrollo del cónyuge de un pariente, los ataques son tan fieros que terminamos destruyendo los matrimonios de nuestra propia familia. Debería ser así, aquí hay trabajo para todos. “Se llama Mies no Mia-es”.

¡No hay matrimonio totalmente seguro! El único que no entablará una demanda de divorcio contigo es Dios. Así, pues, a cuidar al que duerme al lado, no es tu enemigo, sino tu mejor regalo. Una misma carne no piltrafa dividida, donde el deseo de Dios es que sea para toda la vida.

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