
El encuentro reunió a reconocidos ministros, adoradores y comunicadores en el Hotel Barceló Lina, en una celebración que exaltó el legado espiritual de generaciones y rindió tributo póstumo a destacados siervos de Dios.
SANTO DOMINGO, REPÚBLICA DOMINICANA. – En una jornada impregnada de fe, nostalgia, gratitud y profunda fraternidad cristiana, Añoranzas Fraternal celebró el pasado sábado 17 de octubre un memorable encuentro en el Salón La Mancha del Hotel Barceló Lina, donde fueron reconocidas destacadas personalidades del Evangelio dominicano por sus trayectorias, aportes ministeriales y legado espiritual. La actividad se convirtió en un espacio de reencuentro entre generaciones, en el que la historia, la música y los testimonios de servicio a Dios ocuparon un lugar central.
El encuentro permitió honrar a hombres y mujeres que, a través de la predicación, el ministerio pastoral, la evangelización y la adoración, han contribuido a la difusión del mensaje cristiano en la República Dominicana.
Entre las figuras homenajeadas se encontraban el pastor y evangelista Víctor Agüero, el apóstol Carlos Vicente Barranco, el obispo Luis Felipe Berroa, el pastor Félix Hernández y las emblemáticas Hermanas del Villar, cuyo legado musical forma parte de los recuerdos de generaciones vinculadas a la música cristiana.
De manera especial, la jornada estuvo marcada por los reconocimientos póstumos al evangelista Manuel Ávila, al pastor Abad Carpio y al evangelista David del Villar, cuyas memorias fueron honradas en reconocimiento a sus vidas de servicio, fidelidad y dedicación a la obra de Dios.
Estos homenajes reafirmaron el valor de preservar la memoria de quienes abrieron caminos, sembraron la Palabra y dejaron una herencia espiritual que continúa inspirando a nuevas generaciones. Una celebración donde la música y los recuerdos unieron generaciones La programación incluyó presentaciones musicales, momentos de adoración, un almuerzo de confraternidad y espacios para compartir experiencias y recuerdos que despertaron emociones entre los asistentes.
La producción del evento estuvo a cargo del cineasta Jesús Villanueva, responsable de una propuesta que acompañó el desarrollo de la jornada y contribuyó a realzar sus momentos más significativos.
Asimismo, participaron reconocidos comunicadores y profesionales del micrófono, entre ellos Félix Aquino, Daniel Nova y Mayra Holguín, quienes formaron parte de la conducción y el desarrollo del programa. Uno de los aspectos más significativos fue la calidez del ambiente y la espontaneidad de los encuentros entre los presentes. Aunque la actividad estaba programada de 10:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, la alegría, las conversaciones, los recuerdos y el espíritu de confraternidad hicieron que la jornada se prolongara más allá del horario establecido.
Más que reconocimientos, un tributo a la historia del Evangelio El encuentro trascendió el protocolo de una ceremonia de premiación para convertirse en una expresión de gratitud hacia quienes han dedicado parte de sus vidas a proclamar el Evangelio y servir a la comunidad cristiana. En tiempos en que preservar la memoria histórica de las instituciones y de sus protagonistas adquiere especial importancia, iniciativas como la de Añoranzas Fraternal contribuyen a mantener vivo el testimonio de ministros, evangelistas, músicos y líderes cuya labor ha dejado huellas en la Iglesia dominicana.
La celebración también puso de relieve la importancia de fortalecer los vínculos entre generaciones, reconociendo que la historia del Evangelio no se construye únicamente con palabras, sino también con vidas consagradas, sacrificios, testimonios y obras cuyos frutos permanecen a través del tiempo.
El ambiente de alegría, satisfacción y unidad que caracterizó la actividad dejó una impresión memorable entre los participantes, consolidando el encuentro como una significativa experiencia de alcance social y espiritual.
Con esta iniciativa, Añoranzas Fraternal reafirma su vocación de honrar a quienes han contribuido al desarrollo del Evangelio dominicano, celebrar el legado de los que partieron y fortalecer los lazos de comunión entre quienes continúan escribiendo esta historia de fe. Porque honrar a quienes sembraron con fidelidad es reconocer que su legado permanece vivo en las generaciones que hoy continúan la obra.





