
Dra. Claudia Hernández
El doble rasero mediático frente al dolor y la verdad de Israel
La cobertura de los conflictos internacionales padece hoy de una peligrosa amnesia selectiva.
A propósito de cumplirse recientemente la solemne recordación del doloroso aniversario del pasado 7 de octubre de 2023, han surgido en la opinión pública numerosas voces y comentarios parcializados en contra de la legítima defensa israelí, pretendiendo invertir los papeles entre víctimas y victimarios.
Como comunicadora y estudiosa de la región de Oriente Medio por más de tres décadas, habiendo estudiado en Israel, recorrido sus tierras y guiado a numerosos grupos académicos y peregrinos a lo largo de los años —además de servir como directora de asuntos para Medio Oriente de la UNEV—, puedo hablar con plena autoridad y conocimiento de causa sobre esta realidad.
Ver y escuchar a ciertos comunicadores en la televisión nacional —como ocurrió recientemente en una entrevista de NTelemicro al cónsul y jefe de misión adjunto de Israel en el país, Ilan Vulej— obliga a plantearse preguntas incómodas que la opinión pública convencional prefiere callar.
Yo pregunto: ¿Dónde están los periodistas cuando los terroristas de Hamás disparan indiscriminadamente, masacran a familias israelíes y siembran el terror?
¿Dónde están cuando se planifican minuciosamente crímenes atroces contra civiles inocentes?
El periodismo de una sola vía parece ignorar sistemáticamente el sufrimiento de las víctimas israelíes, volcándose en una campaña de desinformación.
Pero el sesgo es todavía más profundo si miramos hacia el pasado y el día a día de la región.
¿Dónde están los periodistas cuando toca hablar de los años de cooperación, asistencia y sustento que Israel le ha brindado a la Franja de Gaza?
Durante décadas, a lo largo de mi experiencia conociendo de cerca el terreno y a sus gentes, he visto cómo, a pesar de las constantes tensiones políticas, Israel ha abastecido de servicios esenciales a ese territorio, facilitando empleo a miles de palestinos que cruzaban cada día para ganarse la vida dignamente, impulsando oportunidades de desarrollo, suministrando recursos vitales y colaborando en su instrucción y salud.
Cualquier revisión seria y honesta de los hechos demuestra el esfuerzo histórico de Israel por construir puentes de convivencia.
Entonces, frente a la insistencia mediática en desvirtuar la realidad a raíz de esta fecha conmemorativa, cabe preguntarse: ¿por qué se le exige a Israel que baje la guardia y tolere la agresión existencial de quienes buscan su destrucción?
¿Acaso los ciudadanos israelíes no son seres humanos que merecen vivir en paz y seguridad?
Ningún país soberano del planeta toleraría que sus fronteras fueran violadas, su gente masacrada y sus comunidades asediadas sin desplegar un frente de defensa firme para proteger a los suyos.
Pretender que Israel contenga su respuesta militar mientras el terrorismo utiliza a su propia población como escudo humano es un acto de deshonestidad intelectual inaceptable.
Defender el derecho de Israel a proteger a su pueblo no es negar el dolor ajeno, sino poner las cosas en su justa perspectiva desde la vivencia real de los hechos.
La paz no se construye premiando al terror ni olvidando las heridas abiertas del 7 de octubre.
Frente a la ola de comentarios malintencionados, nuestra voz debe levantarse con firmeza para recordar que la justicia y la legítima defensa son pilares innegociables de cualquier democracia.





