
Costa Rica y República Dominicana frente al nacimiento de una nueva derecha
Por Dr. Rodrigo Díaz Bermúdez
Hay épocas en que la historia avanza lentamente, casi sin que nadie lo perciba. Y hay otras en las que el mundo cambia de tal manera que las ideas con las que intentábamos comprenderlo dejan de servir. Estoy convencido de que vivimos uno de esos momentos. No es el apocalipsis de la democracia, sino el apocalipsis de las viejas ideologías.
Nací en Costa Rica y hace cuarenta años la República Dominicana me abrió sus puertas. Desde esa doble pertenencia observo con afecto dos democracias que enfrentan un mismo desafío: adaptarse a una revolución tecnológica, económica y cultural sin perder sus valores esenciales.
La inteligencia artificial, la automatización del empleo, la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China y el poder de las plataformas digitales están modificando la política. Quien siga creyendo que el debate consiste únicamente en escoger entre izquierda y derecha está leyendo un mapa viejo para un mundo nuevo.
Costa Rica continúa siendo una de las democracias más sólidas de América Latina y República Dominicana ha fortalecido sus instituciones democráticas en los últimos años. Sin embargo, las cifras no bastan para comprender el cambio político que experimentan ambas sociedades.
En Costa Rica, el debate alrededor del proyecto político de Rodrigo Chaves y Laura Fernández refleja una discusión de fondo: ¿es la continuidad de un liderazgo fuerte una respuesta legítima al agotamiento del sistema tradicional o un riesgo para los contrapesos democráticos? He conversado sobre ello con Ronald Obaldía, el politólogo más brillante de ese pais, el Dr. Lainer Gómez, teologo economista y el Dr. José Rafael Quesada, representante del humanismo universalista. Sus posiciones difieren, pero coinciden en que Costa Rica atraviesa una transición histórica.
En República Dominicana el fenómeno es distinto. No observo una amenaza inmediata para la democracia, sino una renovación de los liderazgos. Omar Fernández representa una nueva generación política; David Collado simboliza la gestión eficiente; y Santiago Matías, Alofoke, demuestra que el liderazgo puede surgir desde las plataformas digitales. Más que un comunicador irreverente, es el símbolo del outsider digital que conecta con millones de jóvenes.
El fracaso de buena parte de la nueva izquierda no significa que cualquier derecha sea la respuesta. Tampoco basta con importar modelos extranjeros. Nuestros países necesitan una derecha propia, democrática, moderna y profundamente humanista.
Pienso en una derecha inspirada en el humanismo cristiano: una corriente que coloque en el centro la dignidad de la persona, la libertad responsable, el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, la familia, la ética pública y el respeto al Estado de derecho. No se trata de imponer una religión, sino de reconocer que toda sociedad necesita fundamentos morales permanentes.
Frente a una época dominada por algoritmos e inteligencia artificial, el humanismo cristiano recuerda que ninguna tecnología, ningún mercado y ningún gobernante pueden estar por encima de la persona humana.
El verdadero apocalipsis ideológico consiste en el derrumbe de las categorías políticas incapaces de comprender el nuevo mundo. Costa Rica y República Dominicana tienen la oportunidad de construir una nueva derecha que combine libertad con responsabilidad, innovación con ética y desarrollo con dignidad humana. Ese, a mi juicio, es el gran desafío de nuestro tiempo.





