
Obispo. Ynocencio Vargas Encarnación (Autor del libro Cristianismo vs el Feminismo Radical)
Estamos transitando en tiempos de confusión, donde los cimientos de la verdad están siendo sacudidos por ideologías que desafían el diseño divino del ser humano. En este contexto, el feminismo radical se ha convertido en una de las mayores fuerzas de transformación cultural, promoviendo una visión distorsionada de la mujer, el hombre y la familia. Sin embargo, el cristianismo, como luz en medio de la oscuridad, se mantiene firme en su defensa de la verdad eterna

Vivimos en una época donde las discusiones sobre igualdad, derechos humanos, identidad y libertad ocupan un lugar central en la sociedad. Uno de los debates más frecuentes es la aparente confrontación entre el cristianismo y el feminismo radical. Mientras algunos consideran que ambas corrientes son totalmente incompatibles, otros sostienen que existen puntos de encuentro cuando se comprende adecuadamente la dignidad humana.
Sin embargo, la percepción predominante sigue siendo que el cristianismo histórico y el feminismo radical representan dos visiones profundamente diferentes acerca del ser humano, la familia, la autoridad, la sexualidad y el propósito de la vida.
Pero ¿es realmente así? ¿Por qué existe esa percepción? ¿Se trata de un conflicto inevitable o de un problema de interpretación?
Antes de emitir un juicio, es importante comprender que tanto el cristianismo como el feminismo radical parten de presupuestos completamente distintos.
El cristianismo fundamenta toda su visión en Dios como Creador del universo.
La Biblia declara: «Creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» (Génesis 1:27)
Desde esta perspectiva, el hombre y la mujer poseen exactamente la misma dignidad delante de Dios, aunque fueron creados con diferencias biológicas y funciones complementarias.
El feminismo radical, por el contrario, suele interpretar las relaciones entre hombres y mujeres como una estructura histórica de dominación masculina que debe ser desmontada completamente.
Mientras el cristianismo habla de complementariedad, el feminismo radical habla principalmente de conflicto estructural.
Ahí comienza la diferencia.




