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Por: Dra. Claudia Hernández
El pasado fin de semana y el inicio de esta semana han vuelto a poner a prueba la resiliencia del Estado de Israel. El norte del país ha sido blanco de una nueva e implacable oleada de ataques con drones y cohetes perpetrados por Hezbolá desde el Líbano. Ante esta alarmante realidad, quienes ejercemos la comunicación y el análisis con responsabilidad no podemos callar: el derecho de una nación soberana a defender a sus ciudadanos frente a la agresión sistemática es inalienable.

Para comprender la magnitud de lo que hoy se defiende en la región, es imperativo mirar la historia. La relación de Israel con su tierra no es un fenómeno reciente; se remonta a milenios de arraigo cultural, jurídico y espiritual que sentaron las bases éticas de la civilización occidental. Tras siglos de dispersión, el renacimiento de su soberanía en 1948 representó un acto de justicia histórica.
A lo largo de las décadas, este pequeño territorio ha devuelto al mundo un caudal inagotable de progreso. Mientras sus detractores se enfocan en la destrucción, el ingenio israelí ha transformado el desierto en campos fértiles mediante la invención del riego por goteo, ha liderado la desalinización global y ha aportado descubrimientos médicos revolucionarios contra el cáncer. Sus numerosos premios Nobel en ciencias y economía demuestran que su verdadera vocación es el desarrollo de la humanidad.
En contraste absoluto con este legado de construcción se alza Hezbolá. Esta organización, movida por un fanatismo radical, prefiere sembrar el caos, desestabilizar la región y usar a la población civil como escudo humano antes que buscar la convivencia. Condenamos enérgicamente su actitud hostil. Mientras el sistema democrático de Israel invierte en tecnología para proteger vidas, el terrorismo dilapida recursos en destruirlas.
Como analista y persona de fe, entiendo que las tensiones geopolíticas son complejas y que ninguna sociedad es perfecta; sin embargo, la diferencia moral entre un Estado democrático que defiende la vida y un grupo extremista que busca la aniquilación es clara. Respaldar a Israel en estos momentos de prueba es defender la verdad histórica, la justicia internacional y el derecho a la paz.




