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Por Fabiola del Orbe, psicóloga
Cada 28 de mayo se conmemora el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer,
una fecha que no solo invita a reflexionar, sino también a cuestionar cuánto hemos
avanzado —y cuánto nos falta— en garantizar el bienestar integral de las mujeres. En
República Dominicana, hablar de la salud de la mujer es hablar de derechos, de
desigualdades y de una deuda social que aún no ha sido saldada.

La salud de la mujer no puede reducirse a lo reproductivo, aunque históricamente así se ha hecho. Es cierto que temas como el embarazo, el parto y la planificación familiar son
fundamentales, pero el bienestar femenino va mucho más allá. Incluye la salud mental, el
acceso a servicios médicos de calidad, la prevención de enfermedades, la atención
oportuna y el derecho a recibir información clara y respetuosa.
En nuestro país, muchas mujeres enfrentan barreras significativas para acceder a servicios de salud adecuados. Desde limitaciones económicas hasta dificultades geográficas, especialmente en zonas rurales, el acceso sigue siendo desigual. A esto se suma la sobrecarga de roles: muchas mujeres son cuidadoras, trabajadoras y responsables del hogar, lo que las lleva a postergar su propia salud para priorizar a los demás.
Como psicóloga, considero esencial visibilizar el impacto emocional de estas realidades. La
presión constante, el agotamiento, la ansiedad y la falta de espacios de autocuidado afectan profundamente la salud mental de las mujeres dominicanas. Sin embargo, muchas no buscan ayuda, ya sea por falta de recursos o por una cultura que les ha enseñado a resistir en silencio.
Otro aspecto preocupante es la violencia de género, que sigue siendo una amenaza directa para la salud física y emocional de miles de mujeres en República Dominicana. Las
consecuencias de esta violencia no terminan en el momento del abuso; se extienden en
forma de trauma, depresión, miedo y deterioro de la autoestima. Hablar de salud de la mujer también implica enfrentar esta realidad con seriedad y compromiso.
La educación es clave para transformar este panorama. Informar a las mujeres sobre sus
derechos, promover el autocuidado y fomentar la prevención son herramientas poderosas.
Pero esta responsabilidad no recae únicamente en ellas. El Estado, las instituciones de
salud y la sociedad en general deben crear condiciones que permitan a las mujeres vivir con dignidad y bienestar.
También es importante cuestionar los estigmas que rodean la salud femenina. Temas como la salud mental, la sexualidad o incluso ciertas enfermedades siguen siendo tratados con silencio o vergüenza. Romper estos tabúes es fundamental para avanzar hacia una sociedad más consciente y equitativa.
En República Dominicana, se han dado pasos importantes, pero aún queda mucho por
hacer. Se necesita una visión más integral de la salud de la mujer, que no solo atienda
emergencias, sino que promueva el bienestar en todas las etapas de la vida. Esto incluye
desde la adolescencia hasta la vejez, reconociendo que cada etapa tiene necesidades
específicas que deben ser atendidas.
Este Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer no debe quedarse en discursos.
Debe ser un punto de partida para acciones concretas, para políticas públicas efectivas y
para un cambio cultural que coloque la salud de la mujer como una prioridad real.
Porque cuando una mujer tiene acceso a salud, información y apoyo, no solo mejora su
vida: mejora la vida de su familia, de su comunidad y de todo un país.
Cuidar la salud de la mujer es, en esencia, cuidar el futuro de República Dominicana.




