Inicio Nacionales La sociedad que estamos criando: Más allá del dolor, hacia la prevención

La sociedad que estamos criando: Más allá del dolor, hacia la prevención

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Treinta feminicidios en lo que va de 2026. Treinta historias donde la muerte no empezó en una madrugada sangrienta, sino años atrás, cuando se forjaron ideologías y se modelaron emociones que perpetuaban la violencia.

Nuestro instinto es reaccionar tarde: veladoras, discursos de horror después de cada tragedia. Lloramos cuando es demasiado tarde. Pero pocas veces nos detenemos a preguntar: ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo en nuestros hogares? Las raíces de la violencia La violencia que mata no nace del vacío.

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Es el producto de décadas de patrones aprendidos, de una cultura que ha perpetuado ideas peligrosas sobre poder, posesión y control. Revisemos honestamente lo que hemos estado sembrando: ¿Estamos criando niños superiores a las niñas? El pequeño al que se le permite todo mientras sus hermanas aprenden a ceder.

Las dinámicas familiares dominicanas muchas veces consolidan que la autoridad es derecho natural del varón. ¿Cuántos hombres que hoy ejercen violencia fueron criados creyendo que su género les otorga derechos sobre sus parejas? ¿Estamos formando hombres que entienden el amor como posesión? Padres que enseñan a sus hijos a «cuidar» a sus novias de forma que suena como protección, pero es vigilancia. Que interpretan celos extremos como prueba de amor. Que creen controlar dónde va, con quién habla, qué ropa usa es «mantenerla segura».

Estos hombres no despertaron decididos a matar; fueron formados así. ¿Estamos educando a nuestras hijas para depender? Las criamos bajo narrativas de princesas esperando príncipes. Les enseñamos que su valor está en agradar, en encontrar a ese «hombre especial» que las complete.

Le mandamos mensajes contradictorios: sean independientes, pero su felicidad dependa de un hombre. ¿Cuántas mujeres asesinadas permanecieron en relaciones abusivas porque creyeron que debían salvar al que las maltrataba? Las señales que ignoramos La mayoría de los feminicidios no son actos impulsivos. Son el final de una novela que vimos venir, pero no quisimos leer.

Los patrones de violencia tienen prólogos reconocibles:

• Celos extremos: «Es que me ama tanto que no soporta verme hablar con otros.» Los celos obsesivos no son pasión; son inseguridad que busca control.

• Aislamiento gradual: El novio que «no quiere» que veas amigas, que encuentra problemas con tu familia. Esto no es devoción; es control estratégico.

• Manipulación emocional: Amenazas de suicidio si lo dejas. Mensajes que mezclan amor con culpa. Este es el ciclo de la violencia psicológica que precede la física.

• Violencia verbal: Insultos como «bromas», crítica constante. El lenguaje violento es entrenamiento para la violencia física.

• Explosiones de ira: Un hombre que rompe cosas, que levanta la voz de manera aterradora. Esto no mejora con tiempo ni amor; empeora. ¿Cuántas madres hemos enseñado a nuestras hijas a reconocer estas señales? ¿Cuántas les hemos dado permiso para irse sin culpa?

Lo que nuestros hijos necesitan aprender Que su valor no depende de una mujer. Un hombre sano entiende que una relación suma pero no define. Si cree que su vida desaparece cuando una mujer lo rechaza, está en riesgo de hacer cosas devastadoras. Que el rechazo es parte de la vida.

Una mujer que lo deja tiene derecho de hacerlo. Él tiene la responsabilidad de procesar ese dolor sin hacerla pagar por ello. Que respetar a las mujeres no es opcional. Significa reconocer su autonomía, sus límites, su derecho a decir no. La violencia, bajo ninguna circunstancia, es justificable.

Que el dominio propio es fortaleza. Que procese emociones sin lastimar a otros. Un hombre que no controla su ira no es un «macho»; es peligroso. El rol de iglesias, escuelas y hogares En los hogares, necesitamos conversaciones incómodas. Padres que pregunten a sus hijos cómo tratan a las mujeres. Madres que enseñen a sus hijas a amar y a establecer límites no negociables.

En las escuelas, educación emocional debe ser obligatoria. Inteligencia emocional, identificación de relaciones tóxicas, respeto de género. En las iglesias, Debemos ser claros: una mujer no es propiedad. Y cualquier violencia en una relación cristiana no es solo ilegal; es pecado.

El futuro que elegimos Los treinta feminicidios no son solo un problema de justicia penal. Son evidencia de que algo está quebrado en nuestra cultura, en nuestros modelos de crianza. La pregunta no es únicamente «¿Cuándo castigamos?» sino «¿Qué tipo de sociedad estamos criando?»

Tenemos la oportunidad de ser la generación que frena esto. No solo legalmente, sino educando de forma diferente. Criando con conciencia. Enseñando que el verdadero amor nunca mata. Porque cada feminicidio evitado es un hogar transformado, un niño criado diferente, una joven que aprendió a amarse primero. Esa transformación empieza en casa.