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Feminicidios: urgencia nacional y llamado a sanar la sociedad

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Por Obispo Mauro A. Vargas

Frente a la realidad que vive la República Dominicana, no podemos acostumbrarnos a contar mujeres asesinadas como simples estadísticas. Cada feminicidio representa una tragedia humana, una familia destruida y una herida profunda en la nación.

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El reciente caso ocurrido en Alma Rosa I vuelve a estremecer al país y evidencia que enfrentamos una emergencia nacional que exige acciones urgentes, pero también una transformación espiritual y moral.

Las cifras son alarmantes: en el primer trimestre de 2026 se registraron 22 feminicidios y miles de denuncias por violencia intrafamiliar. Detrás de cada número hay vidas, sueños destruidos, hijos huérfanos y familias quebrantadas. La violencia contra la mujer no es solo un problema legal o social, sino una crisis del corazón humano.

El egoísmo, el control y la falta de dominio propio han distorsionado el verdadero significado del amor, que jamás maltrata ni destruye. La Palabra de Dios enseña que el amor es benigno y no busca lo suyo (1 Corintios 13:4–5).

Cuando un hombre agrede a una mujer, no solo viola la ley, sino que también ofende a Dios y a la dignidad humana. Aunque el Estado ha creado mecanismos de protección, muchas víctimas siguen desprotegidas. La justicia debe actuar no solo después de la tragedia, sino de manera preventiva, evitando que la violencia llegue a consumarse.

Es necesario fortalecer los sistemas de atención a víctimas, mejorar la coordinación entre las instituciones de justicia y salud, y establecer programas de orientación emocional y manejo de la ira para agresores, además de fortalecer la salud mental en la sociedad. La prevención debe comenzar en la educación, enseñando a niños y jóvenes el respeto, la dignidad humana y la resolución pacífica de conflictos.

La iglesia también debe asumir un rol activo mediante consejería, acompañamiento y promoción de relaciones sanas. Finalmente, este es un llamado a toda la nación: respetemos la vida. Nadie tiene derecho a destruir otra vida por orgullo, celos o venganza. La sociedad dominicana necesita sanar espiritualmente y volver a los valores fundamentales del amor y el respeto.