
JOSELIN RIVERA
El «Valle de Hinom» moderno: Un llamado a detener el sacrificio de la niñez dominicana SANTO DOMINGO – En el marco del mes de la prevención del abuso infantil, la cruda advertencia del profeta Jeremías (19:3-9) resuena con una vigencia alarmante en nuestra sociedad.
Lo que en la antigüedad fue el horror del Valle de Hinom donde se sacrificaban niños en altares de piedra— ha mutado hoy en sistemas contemporáneos que priorizan la satisfacción del adulto sobre la integridad de los más pequeños. A menudo nos distanciamos de las culturas «bárbaras» del pasado, creyéndonos más civilizados. Sin embargo, el sacrificio de niños continúa bajo formas desgarradoras.
En la República Dominicana, este «sacrificio» es literal cuando se manifiesta en violencia física extrema, abuso sexual y una negligencia que conduce a la desnutrición. Pero también existe un sacrificio metafórico e igualmente letal: el de la inocencia en el altar del contenido digital inapropiado, el del futuro a través del trabajo infantil y el del potencial mediante un sistema educativo que perpetúa la pobreza.
Cada vez que un adulto busca gratificación económica o sexual a costa de un menor, está encendiendo, en pleno siglo XXI, el fuego de Baal. Para la comunidad de fe, este panorama exige una reforma profunda en los programas dirigidos a la infancia.
No basta con el entretenimiento dominical; las congregaciones deben transformarse en:
- Espacios de refugio: Donde la seguridad sea innegociable.
- Centros de empoderamiento: Que devuelvan la voz a quienes la sociedad ha silenciado.
- Enfoques de prevención: Capacitando a los niños para reconocer peligros y asegurando que los adultos sean protectores, no depredadores.
La acción concreta debe incluir protocolos de «Cero Tolerancia» al abuso, acompañamiento a las familias para fortalecer el hogar y una vigilancia comunitaria activa que no tema denunciar ante las autoridades.
La advertencia de Jeremías es clara: el silencio es complicidad. La historia bíblica enseña que Dios juzga a las naciones que normalizan el daño a los inocentes. La «paz» que se compra callando hoy, se traduce en la ruina espiritual y social del mañana. Ser un «Jeremías» en nuestras comunidades dominicanas conlleva un precio: la incomodidad de confrontar a personas influyentes, el rechazo de ser tildados de «conflictivos» y el sacrificio de recursos. No obstante, el llamado es ineludible.
En este mes de prevención, la fe debe traducirse en una protección activa. Dios pedirá cuentas por cada uno de Sus pequeños; es tiempo de decidir si seremos guardianes de su vida o testigos silenciosos de su destrucción.




