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Las cartas de un verdadero amante

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Por: Lillian Reyes.

La alarma del despertador suena dando señal que otro día ha comenzado. Casi dormida me levanto y voy a decirle a mi hijo que es hora de despertar. Comienzo el día con mi aseo personal, pongo un poco de ropa en la máquina de lavar y empiezo a preparar el desayuno. Le pregunto a mi hijo si oró y leyó la Biblia, le sirvo el desayuno, me despido de él hasta que vuelva de la escuela. Lavo los platos del desayuno y ahora que todo está quieto y tranquilo, vuelvo a mi dormitorio para mi tiempo privado con Dios…

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La alarma del despertador suena y casi dormida voy al otro lado del dormitorio para apagarla. De ahí voy y me lavo la cara para poder despertar. Tomo la Biblia para así comenzar mi tiempo privado con Dios. Al terminar mi devocional comienzo un nuevo día como madre, esposa, profesional…

Son las diez de la noche y casi se ha terminado el día, pero ahora viene mi tiempo favorito, he tenido un día fuerte de trabajo tanto dentro como fuera del hogar. Tomo mi Biblia y ahora en el silencio de la noche leo palabras de aliento y fortaleza…

Estos son tres diferentes escenarios, pero con algo en común: El día no empieza ni termina sin que estas mujeres tomen un tiempo para leer la Palabra de Dios.

Amiga, no sé cómo puede haber mujeres que empiezan y terminan su día sin leer la Biblia. No procuran tener un tiempo íntimo con Dios en Su Palabra, un tiempo no para preparar un estudio bíblico o el sermón de la semana sino para que el Amado nos hable.

No sé tú, pero a mí me encanta recibir cartas de amor de mi esposo, aunque sean de cinco o seis oraciones. Para mí es uno de los regalos más apreciados que pueda recibir de él (y si viene acompañada de alguna joya, ¡más me gozo!).

Hablando seriamente, la lectura diaria de la Palabra de Dios es lo que nos ayuda en nuestro diario vivir. Cuando estamos enfrentadas a situaciones en nuestras vidas que por el momento no vemos solución ni remedio, qué aliento recibimos al leer: «Estoy convencido de que el Señor dará victoria al rey que ha escogido; de que le contestará desde su santo cielo, dándole grandes victorias con su poder»**. Qué precioso es exclamar, como lo hizo Ana, cuando vemos la mano de Dios obrando y trayendo solución y victoria a nuestras vidas: «Señor, yo me alegro en ti de corazón porque tú me das nuevas fuerzas, ¡Nadie es Santo como tú, Señor! ¡Nadie protege como tú, Dios nuestro! ¡Nadie hay fuera de ti!»

Amiga, tu Amado tiene cartas de amor para ti, palabras específicas para tu vida. Léelas, disfrútalas, gózate, fortalécete en ellas. Dicen que los diamantes son la mejor amiga de una mujer. Yo diría que la Palabra de Dios es la mejor amiga de una mujer. La Palabra de Dios es lo que hace que nuestra vida brille radiantemente. Te animo a tener cada día un tiempo privado con tu Dios, sea por la mañana o por la noche. No te pierdas Sus cartas, que son las de un verdadero Amante. ¡Son las palabras de nuestro Señor!

Dios habla Hoy, Salmo 20:6, 1 Samuel 2:1-2.

Sobre la autora:

Lillian Reyes posee una Licenciatura en Educación de la Florida Atlantic University, de donde se graduó con el grado Magna Cum Laude. Fue docente de primaria en el Estado de Florida, EEUU. Ha ayudado a formar a muchos niños, varios de los cuales regresaron a la escuela a agradecerle su compromiso con el magisterio.

La Licenciada Reyes es multifacética. Ha sido cantante desde la edad de quince años.  Además de su trabajo profesional, sirvió como pastora en tres congregaciones. Fue directora de Alabanza y Adoración por más de veinte años.  Tiene una vasta experiencia en el servicio a la comunidad, así como maestra y directora de la Iglesia Infantil.
La Licenciada Lillian Reyes y su esposo Emilio tienen dos hijos y cuatro nietos.