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La Educación Dominicana No Admite Decisiones Unilaterales

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Por: Fidel Lorenzo

La Educación Dominicana es, sin lugar a dudas, un asunto de interés nacional. No pertenece a un ministerio, a un gobierno de turno ni a una élite técnica: pertenece a toda la sociedad. Por esa razón, cualquier transformación estructural del sistema educativo debe ser el resultado de un proceso reflexivo, inclusivo y participativo.

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La creación del Ministerio de Educación (MINERD) y del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT) respondió a propósitos distintos y complementarios. El MINERD nació para atender los retos de la educación inicial, básica y media, mientras que el MESCYT surgió como respuesta a necesidades específicas y postergadas del país en materia de educación superior, investigación científica, innovación tecnológica y desarrollo del conocimiento.

Plantear hoy una posible reversión o fusión de estas funciones no puede ni debe ser una decisión unilateral, ni mucho menos sustentada únicamente en criterios presupuestarios. La eficiencia financiera es importante, pero no puede imponerse por encima de la calidad educativa, la especialización institucional y la visión estratégica de desarrollo nacional.

Resulta especialmente preocupante que este tema no haya sido parte del debate en el más reciente Pacto Educativo, un espacio concebido precisamente para consensuar las grandes decisiones del sistema educativo dominicano. Esta omisión refuerza la necesidad de abrir un diálogo amplio, plural e inclusivo, donde los distintos sectores academia, docentes, investigadores, estudiantes, sector productivo y sociedad civil puedan expresar sus valoraciones y preocupaciones.

No se debe perder de vista que muchas de las razones que dieron origen al MESCYT siguen siendo deudas pendientes del sistema educativo nacional. El país aún enfrenta grandes desafíos en áreas como la investigación científica, la innovación, el desarrollo tecnológico, la creación de patentes y la vinculación efectiva entre la universidad y el sector productivo. Estas áreas requieren políticas públicas especializadas, continuidad institucional y una visión de largo plazo.

La Educación Superior, la ciencia y la tecnología no son accesorios del desarrollo: son sus motores. Cualquier reforma que las afecte debe ser cuidadosamente analizada, socializada y consensuada. La educación dominicana merece decisiones responsables, construidas con la participación de todos y orientadas al futuro del país, no soluciones apresuradas ni impuestas desde arriba.