
Pastora Marlene Lluberes
La historia de José marca uno de los momentos más significativos en el desarrollo de la identidad del pueblo de Israel. Había llegado el tiempo señalado para liberarlo y desencadenar la serie de acontecimientos que conducirían a Jacob y a toda su familia a Egipto, cumpliéndose así la profecía revelada por Dios a Abraham, según la cual sus descendientes serían subyugados y perseguidos por una nación extranjera. Doce años después de su encarcelamiento, el proceso divino comenzó a tomar forma, y junto con él se puso en marcha otra promesa: la creación de una multitud de pueblos que pertenecerían a Israel, la cual se originaría a traves de uno de sus hijos: Efraim.

José, interpretando correctamente los sueños del faraón, anunció siete años de abundancia seguidos por siete años de escasez. Su discernimiento lo elevó al puesto de vicefaraón, iniciando así el cumplimiento de la visión que él mismo había recibido diecisiete años antes. El faraón reconoció que en José habitaba el espíritu de Dios y lo colocó sobre toda la tierra de Egipto, honrándolo con anillo, vestiduras de lino y autoridad absoluta. José, sin embargo, nunca reclamó mérito propio; en todo momento exaltó al Dios que le había dado sabiduría.
Luego, José se encuentra con sus hermanos que llegaron delante de él en procura de alimento, ya que la hambruna los azotaba.
José les proporcionó un trato firme, no producto del rencor, sino de un propósito mayor: llevarlos al arrepentimiento. Ellos arrastraban culpa por haberlo arrojado al pozo y por haberlo vendido por envidia. La Palabra de Dios, como martillo que golpea la piedra, actúa con dureza cuando es necesario. José creó circunstancias que obligaron a sus hermanos a reflexionar: los envió de regreso, retuvo a Simeón, colocó la copa en el saco de Benjamín. Cada paso estaba diseñado para quebrar la dureza del corazón y provocar reconocimiento de pecado. Finalmente, ellos mismos admitieron que todo lo que vivían era consecuencia de lo que habían hecho contra su hermano.
La sabiduría bíblica, conocida como jojmáh, implica dominio, gobierno y administración de las emociones. Yosef lloró en varias ocasiones, demostrando su sensibilidad; sin embargo, contuvo sus sentimientos para actuar según el deber divino y no según impulsos humanos. La verdadera sabiduría consiste en permitir que Dios gobierne nuestras acciones, incluso cuando nuestras emociones nos invitan a hacer lo contrario. La misericordia vendría después, cuando el propósito de santificación se hubiese cumplido.
El arrepentimiento de sus hermanos quedó evidenciado cuando Judá confesó que Dios había expuesto el crimen que cargaban. La disciplina, como explica la carta a los Hebreos, produce santificación cuando es recibida con humildad. Y cuando llegó el temor al corazón de los hermanos, José respondió no con castigo sino con misericordia. La misericordia divina no elimina la disciplina, pero sí disipa el miedo cuando ya se ha producido el fruto de arrepentimiento.
Las Escrituras describen la misericordia de Dios con palabras profundamente íntimas. Réjem alude al vientre materno; rajamim, al amor entrañable; rajum, a la capacidad de amar a muchos desde lo más profundo del ser. Así se revela Dios: compasivo, lento para la ira, abundante en amor. Su misericordia no se agota, según afirma Lamentaciones, y aunque disciplina como un padre, ama con la ternura de una madre. Es un equilibrio perfecto entre firmeza y ternura, juicio y compasión.
Finalmente, cuando José vio a Benjamín, ya no pudo contener más su misericordia. La ofrenda que recibió, que evocaba el aroma fragante del pueblo de Dios, le recordó su identidad y el propósito mayor de Dios. El proceso había concluido: el pecado fue reconocido, la dureza se quebró, la familia se restauró. El amor entrañable volvió a fluir, y la reconciliación se hizo posible.
La historia de José sigue siendo una enseñanza vigente. Nos recuerda que Dios cumple Sus promesas, que la sabiduría requiere dominio propio, que la disciplina puede ser un acto de amor y que la misericordia tiene un lugar preciso en los procesos de restauración. Que cada mensaje de esta historia despierte en nosotros cambios reales y nos conduzca a un conocimiento más profundo de nuestro Señor, llevándonos siempre a actuar en misericordia y en verdad.




