Inicio EvidenCristianas El discipulado que agrada a Dios

El discipulado que agrada a Dios

PUBLICIDAD
Clic para oir.
Getting your Trinity Audio player ready...

Por José Daniel Martínez

Texto base principal: Mateo 16:24 «Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame”».

Introducción

¿Cuántos discípulos hay en el mundo? Ser discípulo de nuestro Señor Jesucristo es la meta espiritual más alta del ser humano. El discipulado, en su esencia, es un proceso de aprendizaje y crecimiento espiritual basado en seguir a un maestro o líder, adoptando sus enseñanzas y estilo de vida. En el contexto cristiano, se refiere a seguir a Jesucristo, imitarlo y ayudar a otros a hacer lo mismo. Implica un compromiso de por vida con la obediencia a sus mandamientos y la transformación a su imagen en todas las áreas de la vida.

PUBLICIDAD

El discipulado cristiano implica varios aspectos clave:

Seguir a Jesús: Los discípulos se comprometen a obedecer los mandamientos de Jesús, abandonar las influencias negativas del mundo y llevar una vida que refleje su ejemplo. ¿Qué implica seguir sus pisadas? ¿Es lo mismo ser discípulo que seguidor de Jesucristo?

Aprender de Jesús: El discipulado implica estudiar las Escrituras, orar y buscar la guía del Espíritu Santo para comprender la voluntad de Dios y ser obediente en todo al Señor.

Crecer en semejanza a Cristo: A través de la obediencia, la oración y la búsqueda de la santidad, los discípulos buscan parecerse cada vez más a Jesús en sus pensamientos, palabras y acciones.

Servir a otros: Los discípulos son llamados a amar a sus hermanos en la fe, compartir su fe con los demás y ayudar a otros a crecer en su relación con Cristo.

Un proceso continuo y permanente: El discipulado no es un evento único, sino un viaje continuo de crecimiento y aprendizaje a lo largo de toda la vida.

El discipulado es un camino de transformación personal y relacional, donde los creyentes se comprometen a seguir a Jesús, crecer en semejanza a Él y ayudar a otros a hacer lo mismo.

I. El discipulado comienza con una rendición total a Cristo

Texto clave: Lucas 14:25–27, 33 dice: «Cualquiera que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo».

A. Implica negar el yo (Mateo 16:24) No se trata de mejorar al viejo hombre, sino de crucificarlo (Gálatas 2:20).

B. Implica dejarlo todo por Cristo (Filipenses 3:7–8) Pablo estimó todo como pérdida por el amor a Cristo.

C. Implica poner a Cristo como prioridad suprema (Lucas 14:26) El amor a Cristo debe ser mayor que el amor a la familia, al mundo y a uno mismo. El amor a Dios y al prójimo es el fundamento de la vida discipular cristiana, desde la primera era cristiana hasta que Cristo vuelva por segunda vez.

La Gran Comisión dada por Cristo es su mandamiento de discipular a todos los creyentes de todas las naciones (Mateo 28:19-20). El discipulado cristiano es ayudar a otros a seguir a Cristo de acuerdo con las instrucciones establecidas en las Escrituras. Implica ser un instrumento en las manos de Dios que busca ver la vida de Cristo reproducida —por el poder del Espíritu Santo— en la vida de otro creyente. Sobre lo anterior, el apóstol Pablo escribió: «Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes» (Gálatas 4:19).

II. El discipulado que agrada a Dios requiere obediencia continua

Texto clave: Juan 8:31: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos».

A. Permanecer en su Palabra: No basta con oírla, hay que vivirla (Santiago 1:22–25). No es lo mismo ser oidor que hacedor de la Palabra.

B. Obedecer aun cuando es costoso (Juan 14:15): El amor verdadero a Cristo se muestra en obediencia, no solo en emoción, sino de forma práctica y experimental.

C. El ejemplo de Jesús: Jesús fue obediente hasta la muerte (Filipenses 2:8) y sus discípulos deben seguir el maravilloso ejemplo del Divino Maestro.

El discipulado implica una crianza espiritual: Pablo comienza diciendo «hijos» (Gálatas 4:19). Él usa esta palabra en otro contexto, por ejemplo, para hablar de su verdadero hijo en la fe, Timoteo, y también para describir la relación esencial que él tuvo en el desarrollo de la madurez de su discípulo (1 Timoteo 1:2). De la misma manera, el apóstol llevó el evangelio a los gálatas y ellos se convirtieron a través de su predicación. Eran sus hijos desde la conversión (Gálatas 4:19). Cada «Pablo» sostiene a un «Timoteo» como padre espiritual.

III. El discipulado produce fruto que permanece

Texto clave: Juan 15:8 dice: «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos». Estar unidos a Cristo es parte de la vida cristiana.

A. El fruto del carácter (Gálatas 5:22–23): El discipulado transforma el corazón; es una nueva criatura como dice Pablo, Juan y Ezequiel.

B. El fruto de buenas obras (Efesios 2:10; Tito 2:14): Dios nos salva para que andemos en buenas obras, no para salvación, sino porque somos salvos. El cristiano practica y hace obras de amor, misericordia y compasión por los perdidos. ¿Están los cristianos de hoy dando frutos al ciento por uno en todas las áreas de la vida?

IV. El discipulado implica una mayordomía personal

«Míos» es la segunda palabra que vemos en Gálatas 4:19. Quisiera empezar diciendo lo que esto no significa. Las ovejas no son nuestras, sino del Señor, quien las compró. Cuidado con tener una actitud posesiva y pecaminosa sobre aquellos a quienes servimos en el discipulado. Cuando discipulamos a otras personas, no buscamos que ellas nos admiren a nosotros, sino que admiren a Cristo. Administra bien tu tiempo, talentos, dones y recursos.

V. El discipulado se vive en la comunidad del cuerpo de Cristo

El cristiano se define en la vida práctica con la comunidad, involucrándose en sus necesidades.

Texto clave: Hechos 2:42–47 dice: «Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones…».

A. Enseñanza sana y continua: El discipulado no es solo emocional, es doctrinal y teológico, porque cree las verdades bíblicas de forma radical. ¿Crees en Jesús y sus enseñanzas?

B. Comunidad de rendición y amor (Juan 13:35): El amor entre discípulos testifica al mundo de que somos seguidores de Cristo.

C. Oración y adoración juntos: El discípulo vive en comunión vertical con Dios, orando como Daniel, Pablo, los apóstoles y Jesús, y horizontal con el cuerpo, es decir, la iglesia.

El discipulado no es algo pasivo o que viene automáticamente. Dios es el que produce el crecimiento y los cambios en el corazón humano, pero lo hace a través de los medios que Él mismo designó. Pablo describe una imagen que implica el dolor y esfuerzo de una madre (Gálatas 4:19). Las palabras «dolores de parto» traducen del griego una sola palabra que significa «sufrir terriblemente». Como explica en Gálatas, Pablo está sufriendo terriblemente por ellos debido a que están siendo engañados y desviados del evangelio por falsos maestros. El apóstol teme que su esfuerzo haya sido en vano. Como Pablo lo expresa en otras cartas (1 Tesalonicenses 2:9). Pero todo este esfuerzo tiene una meta preciosa, y esto me lleva a mi último punto.

VI. Principios del discipulado

El corazón del discipulado: proclamar a Jesús «A Él proclamamos». Ante todo, el discipulado consiste en proclamar a Jesús y ensalzar su nombre. Dos temas principales de Colosenses son que Cristo es Señor de toda la creación y nuestro redentor. Es en este contexto que Pablo escribe estas poderosas palabras, justo antes, en el versículo 27.

Los medios del discipulado: enseñar y advertir con sabiduría Las Escrituras dicen mucho más sobre cómo hacer discípulos, pero Pablo nos da algunos fundamentos en este pasaje: «amonestando a todos y enseñando a todos con toda sabiduría». Enseñar, o instruir, podría parecer un componente obvio del discipulado. Debemos capacitar en la Palabra de Dios a quienes dirigimos y mostrarles cómo vivir vidas que lo glorifiquen. Pero este pasaje revela que nuestra responsabilidad no es solo enseñar a quienes discipulamos el camino correcto. (Proverbios 1:7).

La meta del discipulado: presentar a todo hombre maduro en Cristo El libro de Colosenses no solo enfatiza que la obra redentora de Cristo salva a su pueblo, sino que también enseña que, mediante ella, los creyentes maduran. Por lo tanto, el objetivo del discipulado no es solo hacer conversos que hagan conversos, sino que todos los creyentes se parezcan cada vez más a Jesús. (Isaías 53, Mateo 11:28-30).

El alto costo del discipulado cristiano: trabajo y lucha dura El discipulado tiene un propósito, es divertido y gratificante. Es una de las mayores alegrías de mi vida. Sin embargo, como la mayoría de las cosas valiosas, el discipulado también requiere energía, tiempo y trabajo duro. Dejarlo todo por seguir radicalmente a Cristo. Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón (llamado Pedro) y Andrés, su hermano, echando la red al mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Síganme, y los haré pescadores de hombres». Al instante dejaron las redes y lo siguieron (Mateo 4:18-20, NVI). Si discipulas a alguien, no solo le dices: «Escúchame». También le dices: «Imítame como yo imito a Cristo».

El llamado: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mateo 11:28-30, NVI).

Negarse a sí mismo: «Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”» (Mateo 16:24-25, NVI).

El discipulado requiere perseverancia paciente Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Y Jesús le respondió: «¡Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás! Porque no te lo reveló nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en los cielos». Pedro lo tomó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡Esto jamás te sucederá!». Pero él se volvió y le dijo a Pedro: «¡Quítate de delante de mí, Satanás! Eres un obstáculo para mí. Porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres» (Mateo 16:16-17, 22-23, NVI).

VII. El discipulado que agrada a Dios termina en glorificación en el cielo

Texto clave: 2 Timoteo 4:7–8 dice: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe…».

A. Es perseverante hasta el fin (Mateo 24:13): No es de velocidad, es de constancia.

B. Mira la recompensa eterna (Hebreos 12:1–2): El discípulo corre con paciencia, con los ojos puestos en Jesús.

C. El Señor recompensa al fiel (Mateo 25:21): «Bien, buen siervo y fiel…».

La meta del discipulado es que Cristo sea formado en otros. La meta en la vida cristiana es ganar otros para Cristo. «Que Cristo sea formado en ustedes» (Gálatas 4:19), esta es la meta en la vida cristiana, primeramente, para ti mismo. Mi meta principal no debe ser simplemente ser un mejor predicador, un mejor pastor o ser un mejor esposo o padre. La meta suprema de todo cristiano es que la vida de Cristo sea reproducida en su propia vida por el poder del Espíritu Santo. (Hechos 1:8 y 10).

Conclusión

El discipulado que agrada a Dios no es superficial, emocional o pasajero. Es una vida de rendición, obediencia, fruto, comunidad y perseverancia. Ser discípulo es ser transformado a la imagen de Cristo (Romanos 8:29), y eso requiere cruz, fuego y gracia.

Recuerda: Jesús, al dar la Gran Comisión, también prometió acompañar a su Iglesia en su esfuerzo por obedecerla. Confía en Jesús, el máximo hacedor de discípulos, y confía en su fuerza al salir a enseñar a quienes te rodean lo que significa vivir como cristiano. La moraleja es que, si quieres discipular a otros, tendrás que involucrarlos en tu vida. El discipulado no es una reunión ocasional en una cafetería para ponerse al día. Discipular también significa invitar a la gente a casa, no a un edificio vacío, sino el estar dispuesto a hablar cuando no es conveniente, charlar mientras lavas los platos, coordinar tus horarios para poder reunirte con frecuencia a compartir la palabra con estudios bíblicos y oración.

Frases de la Escritura que complementan el tema:

  • «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:68).
  • «Creemos y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Juan 6:69).
  • «Amaos los unos a los otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros» (Juan 13:34).
  • «No te ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal» (Juan 17:15).
  • «De cierto, de cierto os digo, que el que en mí cree, tiene vida eterna» (Juan 6:47).
  • «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37-39).
  • «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6).
  • «No os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá sus propias preocupaciones. Basta a cada día su propio mal» (Mateo 6:34).

Aplicación personal

¿He rendido toda mi vida para seguir a Cristo?

¿Estoy obedeciendo su Palabra diariamente?

¿Estoy dando frutos visibles?

¿Estoy conectado con una comunidad de discípulos en el mensaje del evangelio?

¿Estoy perseverando en la sana doctrina hasta el fin?

Dios nos ayude a ser verdaderos discípulos que honremos y glorifiquemos a Cristo en todo.

En síntesis, recordemos las siguientes citas:

«Si piensas que no hay nadie que interceda como debe ser, entonces, sé tú esa persona» (Oswald Chambers).

«Jesús es la cabeza de la iglesia, no la cabecilla de una pandilla de ladrones» (John Huss).

«Dios tiene dos tronos: uno en lo más alto de los cielos y otro en el más humilde de los corazones» (D.L. Moody).

«Ustedes pueden matar mi cuerpo, pero no pueden matar mi alma» (Ulrico Zwinglio).

«Un hombre con Dios siempre es la mayoría» (John Knox).

«Usted no es solamente responsable de lo que dice, sino también de lo que no dice» (Martín Lutero).

«Ama la verdad, vive la verdad, predica la verdad, defiende la verdad. Porque el que no habla la verdad, traiciona la verdad» (Juan Huss).

Referencias bibliográficas

Chambers, O. (1927). . Dodd, Mead and Company.

Huss, J. (2012). On Simony. Wipf and Stock Publishers.

Knox, J. (1846). The Works of John Knox. Wodrow Society.

Lutero, M. (1520). Sobre la libertad cristiana.

Moody, D. L. (1875). Daniel, the Prophet. E. Good, Printer.

Zwinglio, U. (1525). El pan y la copa, sobre la Eucaristía.

La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional (NVI).

La Santa Biblia, Reina Valera (1960).