
Clic para oir.
Getting your Trinity Audio player ready... |
Por José Daniel Martínez.
Texto bíblico: Lucas 10:25-37

25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. 29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
El buen samaritanismo debe ser una práctica de piedad y misericordia común y provechosa para el cristianismo bíblico de hoy. Ciertamente, si los cristianos la practican, están haciendo un servicio al Reino de los cielos, con los beneficios que esto implica. Lamentablemente, esta práctica ha sido opacada por la multiplicación de la maldad. En el siglo XXI, si no se ofrecen seguridad ni intereses, la mayoría de las personas descuidan la misericordia y hacer el bien sin mirar a quién.
Muchos judíos fueron llevados de Israel a Asiria entre el 723 y el 722 a.C. Sin embargo, durante ese exilio, algunos permanecieron en el territorio de Israel, mezclándose con pueblos paganos de otras provincias que habían sido llevados allí. Esto corrompió la cultura judía, ya que el judaísmo y las costumbres paganas se mezclaron, dando como resultado una religión mixta. Prácticas como la idolatría, a la que Dios y sus profetas se opusieron fuertemente (Éxo. 20:4-5), ahora estaban siendo aceptadas por aquel remanente que había permanecido en Israel. Cuando los judíos regresaron de Babilonia a Judea, esa mezcla religiosa se convirtió en una razón para su odio contra los samaritanos.
Esta es la historia que marcó mi vida. La del buen samaritano nos enseña a «amar a tu prójimo como a ti mismo» (Mar. 12:31). Si puedes amar a tu enemigo, ¿cuánto más fácil te será amar a tu amigo? A medida que el mundo se divide más, a medida que todo se asemeja a los días anteriores al diluvio, surgirán deseos más egoístas y el bienestar de los demás se tomará cada vez menos en cuenta. El mayor interés estará enfocado en uno mismo.
Nuestra responsabilidad consiste en desarrollar una resistencia en contra de algunas tendencias mundiales y en cuidar de los necesitados que nos rodean. Debemos enfocarnos no solo en las carencias físicas, sino también en las espirituales. La misericordia de Dios debería transformarnos. Él promete suplir nuestras necesidades (Fil. 4:19).
PREGUNTAS:
- ¿Cómo ser un buen samaritano en la actualidad?
- ¿Cuáles son las cuatro cualidades del buen samaritano?
- ¿Cuáles son las cinco actitudes para ser un buen samaritano?
- ¿Qué significa ser un buen samaritano según la Biblia hoy en día?
- ¿Cuántos samaritanos tenemos hoy en día en la iglesia ante los problemas que vemos a diario?
- ¿Quién es mi prójimo?
- ¿Qué hacemos los cristianos cuando vemos a alguien que nos necesita?
La parábola del Buen Samaritano es como si fuera un lente de aumento que nos deja ver algunos detalles del ser humano, que, reflejados en los personajes, nos impulsan a aplicar esta parábola a varios aspectos de nuestra vida.
Los personajes que usa el Señor son cuidadosamente escogidos, cada uno de ellos representa la sociedad de su tiempo y, no solo eso, también representan las intenciones que los motivan a actuar de cierta forma y que son características del ser humano, pudiéndose aplicar en todo tiempo y situación.
Dos lugares: Jericó y Jerusalén
Las ciudades que el Señor nombra como ejemplo son muy significativas. Ya sea que el hecho relatado en la parábola haya ocurrido en ese lugar o no, lo cierto es que tanto la ciudad de Jerusalén como la de Jericó tenían un significado histórico y social muy profundo que trascendió en la historia de Israel.
Jericó estaba situada en una llanura fértil, fue embellecida en el siglo I a.C. por Herodes el Grande, con palacios, hipódromos, parques y acueductos. La llanura de Jericó ya era famosa por sus palmeras de dátiles, sus productos de miel, aceites y especias aromáticas. Gracias a su clima benigno en invierno, Herodes eligió este valle para su residencia invernal. Muchos arqueólogos la consideran el asentamiento más antiguo en Palestina. Jesús hizo varias visitas a esta ciudad; una de ellas fue el encuentro con Zaqueo, el publicano (Luc. 19:1-10), y la curación del ciego Bartimeo (Mar. 10:46-52).
El texto bíblico narra: “Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.”
Pfeiffer, en su Diccionario Bíblico Arqueológico, explica que Jerusalén era sagrada para los judíos desde que David estableció allí la capital alrededor del año 1000 a.C., y llegó a ser la ciudad principal de Israel. Herodes reconstruyó las murallas de la ciudad, que después fue destruida por los romanos en el 70 d.C. Valles profundos rodean la ciudad por dos lados excepto al norte, constituyendo fosos naturales, lo cual hizo más fácil la edificación de defensas en los tiempos antiguos. Jesús conocía bien la ciudad.
Jerusalén tenía un significado especial para el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Por medio de Moisés, Dios profetizó que Él escogería un lugar “para poner allí su nombre”; este lugar iba a ser la ciudad de Jerusalén. Esta fue la ciudad de los profetas y los reyes del linaje de David; Jerusalén fue la ciudad donde Dios reveló Su Palabra a su pueblo.
El problema: Los protagonistas
El hombre (medio muerto). Tal vez un judío, tal vez un samaritano; no se menciona en la Biblia de dónde era este hombre, pero iba camino a Jericó, probablemente era judío. El Señor en su relato no especifica de dónde era el hombre, y probablemente lo hizo con el propósito de no ponerle una “etiqueta” al hombre del camino, golpeado, robado, desnudo y dejado por muerto. No importa la condición social, la nacionalidad, la raza o situación económica; es el amor al prójimo lo que importa. Mi prójimo, tu prójimo.
Los asaltantes en lugares peligrosos. Estos eran bandidos que se aprovechaban de las personas que pasaban sin sospechar que estos ladrones esperaban la oportunidad para llevar a cabo su maldad. Estoy en desacuerdo con el Sr. Guerra, el cual cita a Marcos 12:1-12 para ilustrar cómo la situación socioeconómica influía en la acción de algunos de los campesinos “malvados”. Pienso que la situación socioeconómica es una excusa, no tiene justificación para esa actitud, a no ser por la constitución pecaminosa del hombre, que lo impulsa a usar cualquier pretexto para hacer el mal. La parábola lo dice “labradores malvados”, no dice labradores afectados por la economía.
La mirada de las tres personas
El sacerdote que miró del otro lado. Los sacerdotes eran encargados del culto que se le rendía a Dios. Actuaban como mediadores entre Dios y el pueblo. Después que se construyó el templo de Jerusalén, se especializaron sus funciones, la principal de las cuales era el ofrecimiento de sacrificios. Los sacerdotes debían evitar la impureza, especialmente la de un cadáver. Pero las reglas eran reglas; aunque la regla de la misericordia debió haber tomado precedencia si fuera evidente que el hombre hubiera estado vivo, parecía que el hombre podría estar muerto, y el sacerdote de la parábola no quiso arriesgarse.
“La nación de Israel fue denominada un reino de sacerdotes” (Ex. 19:6). Y la iglesia (1 Ped. 2:5, 9; Apoc. 1:6; 5:10) y todos los que tienen parte de la primera resurrección (Apoc. 20:6) son llamados sacerdotes.
El levita. Era religioso, dio media vuelta. Eran descendientes de Leví, hijo de Jacob. En Judea, los levitas fueron llamados a vigilar o supervisar la adoración en la casa de Dios, y también tenían la responsabilidad de restaurar la verdadera adoración, no solo como supervisores del sistema de sacrificio de animales (Núm. 1:53; 2 Crón. 30:25). Los levitas guardaban la pureza de la adoración israelita al dirigir la adoración y rehusaban tomar parte en cualquier asunto o adoración pagana. “Las reglas de los levitas no eran tan estrictas como las de los sacerdotes, pero posiblemente este hombre quería también evitar la profanación” (Comentario del Contexto Cultural de la Biblia, N.T. pág. 214). Eran de la tribu de Leví, los dedicados a Dios.
El buen samaritano (de Samaria). Fue quien lo tomó, lo montó en su cabalgadura, prometió volver y pagar los gastos del herido, un gran ejemplo de amor por el necesitado. “Samaria, este país ocupaba un territorio escabroso de unos 67 km de norte a sur y de unos 58 km de este a oeste. Fue el territorio ocupado por las diez tribus guiadas por Jeroboam, extendiéndose aproximadamente desde Betel hasta Dan y desde el Mediterráneo hasta Siria y Amón. En 721 a.C., Sargón de Asiria destruyó a Samaria. Los recién llegados del norte se casaron con el remanente israelita, y finalmente la población tomó el nombre general de los “samaritanos”. Después de la cautividad, se desarrolló un odio entre los samaritanos y el remanente judío de Esdras y Nehemías. Samaria se convirtió en un refugio para los judíos descontentos, con el consecuente uso del nombre samaritano, como un término despectivo para un disidente rebelde” (Juan 4:20,21; 8:48).
El indiferente, no le importan los demás.
Las respuestas a las preguntas
Cuando el Señor termina de relatar la parábola le hace una pregunta al doctor de la Ley: “¿Quién de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los salteadores?” (v. 36). ¿Quién es nuestro prójimo y por qué debemos amarlo? ¿Quién fue el buen samaritano?
Dios no hace acepción de personas; Jesucristo murió por todos. Sería de mucha alegría para el Señor que todos tuviésemos esta actitud en mente cuando nos encontremos en situaciones parecidas a esta parábola. El amor al prójimo es un gran amor, porque no siempre conocemos al prójimo, como en el caso de esta parábola. Este amor sobrepasa barreras, pudiéramos preguntar ¿será agradecido de la ayuda que se le ha dado, o será indiferente? ¿Se interesará por la persona que lo ayudó? ¿Querrá devolver los gastos que causó su pena? El amor al prójimo no toma en cuenta nada de eso porque es una extensión del amor de Cristo y del amor que Dios ha puesto en nosotros. Jesucristo es el mejor ejemplo de quién es el Buen Samaritano. “Ve, y haz tú lo mismo”.
En conclusión, la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:30–37) es precipitada por y en respuesta a una pregunta formulada a Jesús por un intérprete de la ley. En este caso, él habría sido un experto en la Ley Mosaica y no un abogado de los tribunales de hoy en día. La pregunta del intérprete de la ley fue: «¿Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?» (Lucas 10:25). Esta pregunta le dio a Jesús la oportunidad de definir cómo debería ser la relación de Sus discípulos con su prójimo. El texto dice que el escriba (intérprete de la ley) le hizo la pregunta a Jesús como una prueba, pero no indica que hubiera hostilidad. Podría haber estado simplemente buscando información. Sin embargo, la redacción de la pregunta nos da una idea de dónde estaba espiritualmente el corazón del escriba, asumiendo que el hombre debe hacer algo para obtener la vida eterna. Aunque podría haber sido una oportunidad para que Jesús discutiera cuestiones de salvación, eligió un rumbo diferente y se centra en nuestras relaciones y lo que significa amar. La palabra «prójimo» en griego significa «alguien que está cerca», y en hebreo significa «alguien con quien tienes relación». Esto interpreta la palabra en un sentido limitado, refiriéndose a un judío y habría excluido a los samaritanos, romanos y otros extranjeros. Entonces, Jesús da la parábola del Buen Samaritano para corregir la falsa idea que el escriba tenía de quién es su prójimo, y cuál es su deber hacia su prójimo. «Ve, y haz tú lo mismo», lo que significa que debería comenzar a vivir lo que la ley le dice que haga.
El intérprete de la ley es la humanidad sin el verdadero entendimiento de Dios y Su Palabra. El sacerdote es la religión en una condición apóstata. El levita es el legalismo que infunde prejuicios en los corazones de los creyentes. El samaritano es Jesús quien provee el camino a la salud espiritual. Aunque esta interpretación enseña buenas lecciones, y los paralelismos entre Jesús y el samaritano son sorprendentes, esta interpretación desvía la atención hacia Jesús sin que parezca que el texto lo pretenda. Por lo tanto, debemos concluir que la enseñanza de la Parábola del Buen Samaritano es simplemente una lección sobre lo que significa amar a nuestro prójimo: ayudemos al necesitado.
Bibliografía
Sociedades Bíblicas Unidas. (1960). La Santa Biblia, versión Reina-Valera (Revisión de 1960).
Pfeiffer, C. F., & Vos, H. F. (1975). Diccionario bíblico arqueológico. Editorial Mundo Hispano.
Pfeiffer, C. F., & Vos, H. F. (2003). Comentario del Contexto Cultural de la Biblia, Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano.




