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Qué vergüenza: 21 médicos van hoy a coerción por el caso SeNaSa

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Samuel Guzmán B.

Hay noticias que uno lee y tiene que volver a leer porque cuesta creerlas.

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Hoy, 21 médicos comparecen ante la justicia en relación con el caso de fraude que se investiga en el Seguro Nacional de Salud (SeNaSa). Y más allá de los detalles del expediente, de las acusaciones y de lo que finalmente determinen los tribunales, hay algo que no podemos ignorar: esto duele y avergüenza.

Duele porque estamos hablando de salud.

Duele porque detrás de SeNaSa hay millones de dominicanos que dependen de ese seguro para poder consultar un médico, hacerse un estudio, recibir un tratamiento o simplemente tener la tranquilidad de que, cuando llegue una enfermedad, habrá una institución que pueda responder.

Y avergüenza todavía más cuando aparecen profesionales de la medicina señalados dentro de una investigación de esta naturaleza.

Aclaremos algo importante: estar imputado no significa ser culpable. Cada uno de los señalados tiene derecho a defenderse y será la justicia la que determine quién tiene responsabilidad y quién no.

Pero eso no impide que como sociedad nos hagamos preguntas.

¿En qué momento perdimos el sentido de servir?

Ser médico no es simplemente tener un título colgado en una pared.

Es una profesión que nació para servir. El paciente llega al consultorio poniendo en manos del médico algo que no tiene precio: su confianza.

Por eso resulta tan doloroso pensar que esa confianza pudiera ser utilizada, si las acusaciones fueran demostradas, para obtener beneficios económicos de manera fraudulenta.

Y aquí no estamos hablando solamente de dinero.

Estamos hablando de personas.

De hombres y mujeres que muchas veces no tienen recursos para pagar una consulta privada.

De envejecientes.

De madres.

De niños.

De personas enfermas que esperan que el sistema de salud les tienda una mano.

Cada peso que pudiera haberse obtenido fraudulentamente de un sistema como SeNaSa, si así lo determina la justicia, es dinero que pertenece a todos los dominicanos.

Pero también hay que mirar más allá de los acusados

No basta con llevar personas ante un tribunal.

Tenemos que preguntarnos cómo fue posible que ocurriera lo que hoy se investiga.

¿Dónde estaban los controles?

¿Quién revisaba las autorizaciones?

¿Quién supervisaba los pagos?

¿Quién debía detectar las irregularidades?

Porque cuando un sistema maneja miles de millones de pesos y millones de afiliados, los controles no pueden depender solamente de la buena voluntad de quienes participan en él.

Tiene que existir una estructura capaz de detectar a tiempo cualquier intento de fraude.

Recuperar la confianza

Este caso debería servir para algo más que ocupar titulares durante unos días.

Debería servir para revisar profundamente el sistema y corregir todo aquello que tenga que ser corregido.

Porque SeNaSa no es propiedad de un funcionario, de un partido político ni de un grupo determinado.

SeNaSa es de la gente.

Es del trabajador que cotiza.

Es del ciudadano que paga impuestos.

Es de la familia que necesita una cobertura médica.

Es del dominicano que espera que los recursos públicos sean utilizados para lo que fueron destinados.

Por eso, si alguien cometió un delito, que responda ante la justicia.

Si alguien es inocente, que también se respete su derecho y su nombre.

Pero que nadie quede por encima de la ley.

Quizás lo más preocupante de todo esto no sean solamente los millones que se investigan.

Lo verdaderamente preocupante es que podamos llegar a acostumbrarnos a estas noticias.

Que mañana leamos otro escándalo y simplemente pasemos la página.

No podemos permitir que la corrupción termine pareciéndonos normal.

La República Dominicana necesita servidores públicos que entiendan que administrar recursos de todos es un privilegio, pero también una enorme responsabilidad.

Y necesita profesionales que recuerden que detrás de cada expediente, cada afiliado y cada número hay una persona.

Una persona que espera ser atendida.
 Una persona que confía.
Una persona que merece respeto.

Por eso sí: qué vergüenza cuando el dinero termina estando por encima de la vocación de servir.

Pero que esta vergüenza también se convierta en una oportunidad para corregir, transparentar y recuperar la confianza.

La salud de los dominicanos no puede ser negocio para nadie.