
Por. Emilio Reyes.
Hace unas semanas, fui invitado a una reunión. Llegué cinco minutos antes de la hora prevista.
El primer convocante llegó 20 minutos después de la hora fijada, y el segundo llegó cinco minutos más tarde. Tras los saludos cordiales de rigor, comenzamos.
Y, por supuesto, cuando llegó la hora de finalizar, apenas estábamos entrando en el tema central de la reunión. Les informé que debía retirarme porque tenía otro compromiso programado con anterioridad.
Así que concluimos la reunión rápidamente, resumimos los acuerdos principales y me despedí cordialmente para dirigirme a mi siguiente reunión.
La impuntualidad es un mal hábito. No comenzar a la hora prevista legitima el retraso y demuestra falta de respeto hacia quienes llegan a tiempo.
A continuación, presento algunas pautas sobre la puntualidad que deberíamos poner en práctica:
Llega temprano: Procura conectarte o llegar entre 5 y 10 minutos antes de la hora de inicio programada. Esto te da un margen para acomodarte, revisar tus notas o resolver cualquier problema técnico.
No llegues «justo a tiempo»: Llegar en el momento exacto en que debe comenzar la reunión equivale, en la práctica, a llegar tarde, ya que impide que la reunión inicie precisamente a la hora prevista.
Avisa si te vas a retrasar: Si surge una emergencia imprevista, notifica al organizador lo antes posible. Comunicar de manera proactiva tu hora estimada de llegada demuestra que respetas el tiempo de los demás.
Es cierto que la Biblia no utiliza explícitamente la palabra «puntualidad», pero enfatiza firmemente el orden, la diligencia y el respeto por el tiempo ajeno.
Ser puntual se considera un acto de integridad, una forma de demostrar amor y humildad, y un reflejo de la perfecta puntualidad de Dios.
Entre los principios bíblicos fundamentales sobre la puntualidad se encuentran:
Respeto por los demás: Se instruye a los creyentes a considerar las necesidades e intereses de los demás como más importantes que los propios. Hacer que otra persona pierda tiempo por llegar tarde se considera una falta de amor y respeto (Filipenses 2:3-4).
Integridad y confiabilidad: Llegar a la hora acordada se considera una cuestión de cumplir la propia palabra. La Biblia enseña que tu “sí” debe significar “sí”, y llegar tarde habitualmente socava la credibilidad de una persona.
Diligencia y planificación: La Biblia desaconseja tanto la pereza como la precipitación. Una planificación sabia y la diligencia garantizan que las tareas se completen a su debido tiempo (Proverbios 21:5).
Uso óptimo del tiempo: Se exhorta a los creyentes a “aprovechar al máximo cada oportunidad” con sabiduría, lo cual incluye cumplir con las citas y respetar los plazos establecidos (Efesios 5:15-16).
El ejemplo supremo de puntualidad en la Biblia es Dios mismo.
Desde el envío de Jesús a la tierra “cuando se cumplió el tiempo señalado” (Gálatas 4:4) hasta el cumplimiento de las profecías, la Biblia enfatiza que Dios nunca llega tarde y actúa con una sincronización absoluta y perfecta (Habacuc 2:3).





