
Por Lic. Francisco Alberto Sánchez Rosó
La República Dominicana exhibe importantes avances en infraestructura, inversión y desarrollo urbano. Sin embargo, detrás de esos indicadores persisten profundas heridas sociales e institucionales que amenazan la estabilidad y el futuro del país.
El verdadero desarrollo de una nación no puede medirse únicamente por el crecimiento económico. También debe evaluarse por la fortaleza de sus instituciones, la solidez de sus valores y la calidad humana de sus ciudadanos.
Estas son, a mi juicio, diez de las principales heridas que hoy afectan a nuestra nación.
1. La desintegración de la familia
La familia, base fundamental de toda sociedad, atraviesa una profunda crisis. Muchos hogares han dejado de ser espacios de formación, protección y transmisión de valores para convertirse en escenarios de violencia, abandono o desorientación. Cuando la familia se debilita, toda la sociedad termina pagando las consecuencias.
2. La corrupción normalizada
Uno de los mayores peligros es que la corrupción deje de escandalizar. Cuando el enriquecimiento ilícito se justifica bajo la idea de que «todos lo hacen», la impunidad se convierte en cultura y la honestidad pasa a ser una excepción.
3. El clientelismo político
La ciudadanía no puede reducirse al intercambio de favores por votos. Una democracia sólida requiere ciudadanos libres, responsables y conscientes de sus derechos y deberes, no personas dependientes de beneficios circunstanciales.
4. Un sistema de salud con grandes desafíos
Aunque el país ha ampliado la cobertura de seguros médicos, miles de familias siguen enfrentando largas esperas, autorizaciones tardías y dificultades para acceder oportunamente a tratamientos y medicamentos. La salud debe estar centrada en la dignidad de las personas y no únicamente en criterios financieros.
5. La crisis de la educación
La inversión en educación representa un importante esfuerzo nacional, pero aún persisten retos relacionados con la calidad del aprendizaje, la formación docente y la eficiencia del sistema. Quienes pagan el mayor costo son nuestros niños y jóvenes.
6. El Barrilito y el Cofrecito
Los mecanismos de asignación discrecional de recursos públicos continúan generando cuestionamientos sobre transparencia, rendición de cuentas y uso eficiente del dinero del Estado. La confianza ciudadana exige instituciones sometidas al escrutinio permanente.
7. La explotación de nuestras riquezas naturales
El desarrollo económico debe ir acompañado de la protección del patrimonio nacional. Cuando la explotación de los recursos naturales no genera beneficios proporcionales para la población o deja daños ambientales irreversibles, el país termina perdiendo más de lo que gana.
8. La pérdida de valores y del sentido de identidad nacional
Una nación necesita memoria, principios y sentido de pertenencia. El debilitamiento de la educación cívica, el desconocimiento de la historia y la pérdida de referentes éticos afectan la construcción de una ciudadanía comprometida con el bien común.
9. La reforma policial pendiente
La seguridad ciudadana continúa siendo una de las principales preocupaciones de la población. La profesionalización, la transparencia y el fortalecimiento de la confianza en los cuerpos policiales siguen siendo tareas impostergables.
10. Una política exterior firme
En un contexto internacional cada vez más complejo, la República Dominicana necesita una diplomacia capaz de defender con claridad sus intereses estratégicos, su soberanía, el manejo responsable de la migración y la protección de sus fronteras, sin renunciar al diálogo y la cooperación internacional.
Una decisión de nación
Ninguna de estas heridas sanará únicamente con un cambio de gobierno. Los problemas estructurales requieren instituciones fuertes, ciudadanos responsables, liderazgo ético y una cultura fundamentada en la justicia, la verdad y el bien común.
Las soluciones comienzan en la familia, continúan en la escuela y se fortalecen en las iglesias, las organizaciones sociales y las instituciones públicas. En definitiva, dependen del compromiso de cada ciudadano.
Como afirma Proverbios 14:34: «La justicia engrandece a la nación; más el pecado es afrenta de las naciones.»
La República Dominicana necesita mucho más que crecimiento económico. Necesita reconstruir su tejido moral, fortalecer sus instituciones y recuperar el compromiso colectivo con la verdad, la justicia y el servicio.
La gran pregunta sigue siendo la misma:
¿Quién cerrará la herida?
La respuesta comienza con cada uno de nosotros.
Creo firmemente que las naciones no mueren mientras existan hombres y mujeres dispuestos a orar, servir y actuar. Identificar las heridas es apenas el primer paso; el siguiente es comprometernos con su sanidad.
La República Dominicana no necesita más promesas. Necesita ciudadanos íntegros en el hogar, en las escuelas, en las iglesias, en el Congreso y en cada espacio donde se toman decisiones.
Yo creo en esta tierra. Creo que Dios aún puede sanar a la República Dominicana. Pero ese cambio también depende de nosotros.
Lic. Francisco Alberto Sánchez Rosó
Pastor, abogado, educador y presidente de la Fundación Impacto de Vida por un Mundo Mejor (FIVMUM). Escribe sobre liderazgo, valores, desarrollo social y formación ciudadana.




