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¡Madre Biológica, Sólo Hay Una!

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Por Bienvenida González

La criatura engendrada en el útero de una mujer, es  la que a todas luces  la califica como madre biológica, haya nacido la criatura en condiciones  viables o no.

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El don de la vida dispensado por Dios, con características significativas a través de la unión del hombre y la mujer creados por ÉL, a todas luces es una realidad maravillosamente bella.

Mayo ha sido identificado como el mes de las flores, siendo la producción de las mismas coincidente con la etapa cumbre de la primavera en determinados países; esta característica se suma al hecho de que en varios países del mundo, se celebra el día de las madres  en este mes de mayo; aun con diferentes días señalados para tal asignación.

Si existe una persona con un alto sentido de valoración en los contextos familiares, esa persona  es la madre. Esa madre esforzada, responsable, cariñosa, abnegada, sufrida y presente; con un  rol de una trascendencia particular, que estimula o  induce a quienes no han tenido la experiencia de procrear;  para asumir  en circunstancias atenuantes un rol materno no adquirido en el plano biológico.

Un rol adquirido e implementado por otras mujeres , hayan tenido la experiencia o no, de ser madres biológicas ; y aún, por hombres que lo han asumido y se apropian de la expresión: “he sido padre y madre para mis hijos”;  y,  su entorno social  suele dispensarle esa  calificación  no porque sean  súper hombres, sino que ha conectado y pretendido desempeñar el rol de madre ante circunstancias de fuerza mayor, como el desamparo y la viudez;  y cabe destacar  la  valentía extraordinaria  al tomar  la decisión de conectar y/ o aproximarse  a  un rol  materno que no les pertenece en el plano  biológico; como si lo fuera, sin serlo.

Su base de sustentación tanto para hombres y mujeres que han desplegado el rol de madre está fundamentada en el amor  y compromiso emocional y espiritual.

Hemos  intentado conciliar el siguiente dicho:  “Madre solo hay una” al título de esta reflexión : “Madre biológica, solo hay una”, por lo explicado y trascendente del ejercicio de ser madre, el cual admite ser valorado y aplicado a una mujer que ha concebido en la compañía de un padre biológico; único también en la procreación de hijos.

Se han sumado otros dichos que en el fondo adquieren categoría de lo entendible, en algunos casos específicos  ; pues transmiten experiencias tenidas en relación al rol de madre: “Madre no es la que pare; sino la que cría”.

Ante este último dicho, en el transcurrir del tiempo, el rol materno ha sido ejercido por abuelas, tías, hermanas,  madrastras, cuidadoras o nanas quienes aparte de su posible estado civil ,han aportado a la crianza de hijos, que no son sus hijos.  Esta realidad piadosa y sacrificial en unos casos más que en otros, eleva  y potencializa el carácter de ser madre y la consiguiente realización  de uno de los roles significativos en la formación de personas.

María, Juana o Josefa, han sido como una madre para mí; Este reconocimiento testimoniado no tiene precio. Esta apreciación eleva la maternidad como algo  que trasciende; más allá del elemento biológico. Involucra el alma y la ternura de quien o quienes hayan sido acogidos por una mujer que no ha sido su madre  en el sentido literal de la expresión “Madre biológica”.  Los dichos: “Soy  su madre del corazón …o  él es mi hijo del corazón , envuelven una dinámica emocional de conexión, con resultados esperanzadores.

Siendo la celebración de las madres una ocasión para manifestarles de manera expresa agradecimientos y honrar su investidura y rol  como tal, sirva para ellas, como también  para sus hijos; un tiempo con significado que redunde en  el bienestar mutuo ante este vínculo que desafía la construcción de relaciones saludables.

¡Honrarlas, reconocerlas, valorar sus canas y años, se conviertan en  oportunidades para amarlas y que ellas  experimenten el amor de sus hijos, sean estos biológicos o del corazón!

¡Los hijos califican a sus madres como personas bienaventuradas!