
Por. Samuel Guzmán B.
Salimos de casa a trabajar, a estudiar, a buscar el pan. Pero en República Dominicana, cada semáforo, cada tapón y cada calle oscura se ha convertido en una ruleta rusa.
La violencia nos gobierna desde dos frentes que el Estado se niega a enfrentar con seriedad: los atracadores en las vías públicas y los motoristas violentos que han impuesto su propia ley a pedradas y usando sus cascos para romper retrovisores y cristales de vehículos por el simple hecho de pasarlo muy de cerca.
Primero: Los atracadores dueños de las calles y avenidas. Ya no esperan la noche ni un callejón. Atracan a plena luz del día en cualquier lugar del país no importando tipo de sector. Andan en motores, de dos en dos, con pistola en mano y sin placa te cierran el paso y te agreden de una manera impune.
El ciudadano honesto es rehén. Pagamos impuestos para comprar cristales nuevos cada vez que uno de estos desaprensivos nos lo rompe y vivir con el corazón en la boca. Los motoristas que confunden la vía con un ring. No todos, pero sí demasiados. Son los que violan luz roja, transitan en vía contraria, se suben a las aceras y se mueven entre vehículos como si fueran inmortales. Y cuando un conductor, por error o por centímetros, les pasa cerca, la respuesta es inmediata: una piedra al cristal trasero o un casco protector estrellado contra tu retrovisor.
El más reciente de estos sucedió en el centro de Santiago de los Caballeros cuando una chofer de un vehículo recolector de basura del ayuntamiento local rozó a uno de estos motoristas lo que provocó que una turba de ellos lo persiguiera por varias avenidas y cuando lo alcanzaron uno de estos lo asesino con dos estocadas de arma blanca.
Ellos imponen el “respétame” a base de vandalismo. Convierten un roce de tránsito en un acto de violencia donde el ciudadano que va en su carro pierde siempre. Porque si te paras a reclamar, te caen diez. Si sigues, te quedas sin cristal. El problema es el mismo: la ausencia de autoridad y la certeza de impunidad. El atracador sabe que no hay patrullaje. El motorista violento sabe que no hay consecuencias por romper un espejo. Ambos saben que la ley en la calle dominicana es letra muerta.
Mientras tanto, ¿dónde está la DIGESETT? ¿Dónde está la Policía Nacional? Deteniendo conductores de manera caprichosa, pero ausentes cuando una banda de atracadores opera en el mismo semáforo por semanas. Haciendo operativos para quitar motores sin casco, pero incapaces de identificar y apresar al que usa ese mismo casco como arma para destruir propiedad privada.
Lo que está sucediendo en nuestras calles, más que un simple problema de tránsito es anarquía. Es la rendición del espacio público al que grita más duro o tira la primera piedra.
El Patrullaje real es inteligencia: Las bandas de atracadores en motores tienen rutas y horarios. Se conocen. La PN debe desarticularlas, no limitarse a “levantar cadáveres”. Queremos prevención, no informes.
Cero tolerancia al vandalismo vial: Motorista que rompa un cristal o un retrovisor debe ser apresado, procesado por daño a la propiedad y pagar cada peso. Que se incaute el motor hasta que repare el daño. Se acabó el “usted me rozó y le desbarato el carro”.
El 9-1-1 y el INTRANT tienen acceso a las cámaras colocadas en nuestras principales avenidas. Úsenlas para identificar placas, rostros y motores sin identificación que participan en atracos y agresiones. La tecnología está, falta la voluntad.
No puede circular un solo motor sin placa visible. Y el casco debe estar vinculado a la matrícula. Quien lo usa para delinquir o agredir, que pierda el derecho a conducir. Los dominicanos estamos cansados de manejar con miedo, de guardar el celular aunque el vidrio esté arriba, de preferir un rayón antes que reclamar un derecho porque sabemos que la respuesta será una pedrada.
La calle es de todos: del que anda a pie, del que anda en motor y del que anda en carro. Pero para que sea de todos, la ley tiene que ser para todos. Y hoy, la única ley que se cumple es la del más violento.
Señores autoridades de Interior y Policía, DIGESETT y del INTRANT: DEVUÉLVANNOS LAS CALLES. APLIQUEN LA LEY SIN MIEDO Y SIN PRIVILEGIOS. Porque un país donde da pánico salir a la vía pública, ya perdió demasiado.




