Inicio EvidenCristianas Oye Multitud: “Persia e Israel: ecos de Ezequiel en nuestros días”

Oye Multitud: “Persia e Israel: ecos de Ezequiel en nuestros días”

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Por la Dra. Claudia Hernández de Alba

La guerra entre Irán e Israel, que ha marcado titulares en este 2026, no es únicamente un conflicto político o militar. Para quienes creemos en la Palabra de Dios, estos acontecimientos representan una oportunidad para reflexionar sobre el tiempo profético que estamos viviendo.

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La Biblia establece que Israel ocupa un lugar central en la historia de la salvación. El profeta Zacarías anunció: “He aquí, yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor” (Zacarías 12:2). Hoy, las tensiones en el Medio Oriente sacuden al mundo entero, evocando el cumplimiento de estas palabras.

Irán, identificado en las Escrituras con la antigua Persia, aparece en las profecías del profeta Ezequiel (capítulo 38) como parte de una coalición que se levanta contra Israel en los últimos tiempos. Este pasaje sugiere que los conflictos actuales no son hechos aislados, sino parte de un escenario que ya había sido revelado.

Sin embargo, estos acontecimientos no deben ser interpretados desde el miedo, sino desde la esperanza. Jesucristo nos advirtió: “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin” (Mateo 24:6). Las guerras son señales, pero también recordatorios de que Dios mantiene el control de la historia.

El tiempo que vivimos es, ante todo, un llamado a la vigilancia espiritual. Más que centrarnos en la política, debemos fortalecer nuestra fe, nuestra comunión con Dios y nuestro compromiso con la paz. El apóstol Pablo de Tarso exhorta: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18).

La guerra entre Irán e Israel nos recuerda que la humanidad necesita reconciliación, y que la verdadera paz solo se manifestará plenamente cuando el Príncipe de Paz reine en toda la tierra.

Mientras tanto, nuestra tarea es clara: orar por las naciones, apoyar a los inocentes que sufren y ser portadores de esperanza en medio de la incertidumbre.

Hoy más que nunca, debemos levantar la mirada y reconocer que estamos viviendo tiempos proféticos. No para desesperarnos, sino para afirmar nuestra fe en el Dios que cumple sus promesas y nos asegura que, al final, la luz vencerá sobre las tinieblas.