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Dia mundial del Parkinson

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Por Fabiola del Orbe, psicóloga

En República Dominicana, hablar de enfermedades suele centrarse en lo visible, en lo urgente, en lo que duele de forma inmediata. Sin embargo, hay condiciones que avanzan en silencio, que transforman la vida poco a poco y que, más allá del diagnóstico médico, impactan profundamente la salud emocional de quienes las padecen. Una de ellas es la Enfermedad de Parkinson.

El Parkinson no es solo un temblor en las manos, como muchas personas creen. Es una enfermedad neurodegenerativa que afecta el movimiento, pero también el estado de ánimo, el sueño, la memoria y la autonomía personal. En nuestro país, cada vez son más las familias que conviven con esta realidad, muchas veces sin la información, el apoyo psicológico ni los recursos necesarios para enfrentarla con dignidad.

Como psicóloga, he sido testigo de una de las dimensiones menos visibles del Parkinson: el impacto emocional. El diagnóstico suele llegar acompañado de miedo, incertidumbre y, en muchos casos, depresión. No es fácil asimilar que el propio cuerpo comenzará a fallar progresivamente. Actividades cotidianas como escribir, caminar o incluso hablar pueden convertirse en retos diarios. Y en medio de ese proceso, la persona no solo lucha contra la enfermedad, sino también contra el estigma social y la incomprensión.

En República Dominicana, aún existe una gran falta de educación sobre esta condición. Muchas personas interpretan los síntomas como señales de vejez “normal” o, peor aún, como debilidad. Esto retrasa el diagnóstico temprano, que es clave para mejorar la calidad de vida del paciente. Además, el acceso a tratamientos especializados y terapias complementarias sigue siendo limitado, especialmente fuera de los grandes centros urbanos.

Pero el Parkinson no solo afecta a quien lo padece. También transforma la vida de sus cuidadores, generalmente familiares que, sin preparación previa, asumen una responsabilidad emocional y física enorme. El desgaste psicológico de cuidar a un ser querido con una enfermedad crónica es real y, muchas veces, ignorado. En nuestra cultura, donde el sacrificio se valora pero pocas veces se acompaña, estos cuidadores necesitan tanto apoyo como los propios pacientes.

Hablar de Parkinson es también hablar de empatía. Como sociedad, debemos aprender a mirar más allá de los síntomas físicos y reconocer la humanidad de quienes viven con esta condición. No se trata de sentir lástima, sino de ofrecer respeto, inclusión y comprensión. Un entorno empático puede marcar la diferencia entre una vida limitada por la enfermedad y una vida vivida con dignidad.

Es urgente que en República Dominicana se fortalezcan las políticas de salud dirigidas a enfermedades neurodegenerativas. Se necesitan más programas de orientación, acceso a terapias multidisciplinarias y espacios de apoyo psicológico tanto para pacientes como para sus familias. La salud mental no puede quedar fuera del tratamiento de enfermedades como el Parkinson, porque el bienestar emocional es parte fundamental del proceso.

Este artículo no busca generar miedo, sino conciencia. El Parkinson existe, está más cerca de lo que creemos y nos invita a reflexionar sobre cómo tratamos a quienes lo enfrentan.

Cada persona diagnosticada sigue siendo alguien con sueños, historia y valor. La enfermedad puede afectar el cuerpo, pero no debe arrebatar la dignidad.

Hoy, el llamado es claro: informarnos, sensibilizarnos y acompañar. Porque una sociedad que entiende y apoya es una sociedad que sana, incluso en medio de enfermedades que no tienen cura.

Fabiola del Orbe, psicóloga.