
Clic para oir.
Getting your Trinity Audio player ready... |
Por. Joselin Rivera
En la era de la hiperconectividad, la Iglesia se enfrenta a fenómenos que desafían la antropología bíblica y la comprensión tradicional de la identidad. Uno de ellos es la subcultura Therian:
jóvenes que afirman poseer una identidad no humana, vinculándose intrínsecamente a un animal o «theriotipo». Aunque para algunos pueda parecer una distracción digital, este movimiento es un síntoma profundo de una generación que busca desesperadamente pertenencia.

El término proviene del griego thēríon («animal salvaje») y describe a quienes sostienen que su esencia o alma es la de un animal, a pesar de habitar un cuerpo humano. Este fenómeno revela una crisis de identidad que no puede ser ignorada por el pueblo de Dios, pues afecta la verdad fundamental de que fuimos creados «a imagen de Dios» (Génesis 1:27), con una dignidad
humana única y soberana.
Frente a los Therian, la comunidad de fe suele caer en la tentación de la exclusión, burla o la «satanización». Sin embargo, el modelo de Jesús nos marca una ruta distinta. Cristo no se acercó a los marginados con juicio punitivo, sino con una compasión que restauraba. Al ver a las multitudes desorientadas, la Biblia dice que «tuvo compasión de ellas; porque estaban
desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor» (Mateo 9:36).
Para la Iglesia hoy, los Therian representan a esos jóvenes que, sintiéndose heridos o invisibles en un mundo hostil, crean identidades alternas como mecanismo de defensa. Jesús no preguntaba «¿por qué haces eso?», sino que atendía el sufrimiento. Nuestra misión es reflejar ese amor que
dice: «No temas… te puse nombre, mío eres tú» (Isaías 43:1), ofreciendo una identidad firme en la redención.
La psicología del desarrollo coincide con el principio bíblico: la identidad es relacional. En el plan de Dios, los padres son los primeros «espejos» del amor del Creador. Cuando el hogar
carece de este reflejo, los jóvenes buscan validación en comunidades digitales.
Aquí es donde el modelo de Crianza con Ternura promovido por World Vision América Latina y el Caribe se vuelve vital. Este enfoque propone abandonar el control basado en el miedo para
centrarse en la restauración de la dignidad. La Palabra nos amonesta: «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten» (Colosenses 3:21). El castigo que humilla suele ser el motor que empuja a un joven a refugiarse en una identidad alterna para proteger su corazón.
El fenómeno Therian no es un problema de «especies», sino de vínculos. Por ello, el llamado hoy es pastoral: las iglesias deben ser centros de formación para las familias. Debemos enseñar a
los padres que la escucha es una herramienta espiritual de sanidad, recordando que cada persona debe ser «pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (Santiago 1:19).
Instamos a los lideratos eclesiásticos a priorizar la formación en modelos de crianza basados en el acompañamiento y el diálogo. Nuestra respuesta debe ser el amor que sana, no el juicio que aleja.
Solo creando hogares donde se respire la gracia, nuestros hijos podrán descubrir su verdadera identidad en Cristo, sin necesidad de buscar en la creación animal el refugio y la
aceptación que solo deben encontrar en su Padre Celestial y en su hogar.




