
Por Samuel Guzmán B.
La historia de la Iglesia Evangélica Menonita en la República Dominicana es un testimonio de fe comprometida y de servicio que trasciende la mera actividad religiosa.

Desde su llegada en 1946, el movimiento menonita no solo sembró iglesias, sino que sembró esperanza en comunidades rurales que carecían de infraestructura básica y oportunidades reales de desarrollo humano.
La Conferencia Evangélica Menonita Inc. nació como iniciativa de la Evangelical Mennonite Church hoy conocida como Fellowship of Evangelical Churches— con el envío de los misioneros Omar y Laura Sutton junto a Lucille Rupp. Su desembarco en el suroeste del país marcó un antes y un después, no solo en lo espiritual, sino en lo social.
En la pequeña comunidad de El Cercado, en San Juan de la Maguana, Omar Sutton y un grupo de miembros locales construyeron el primer acueducto por gravedad de la zona, transformando la vida de los habitantes al facilitar el acceso al agua. Este proyecto evidenció una visión de servicio integral: no se trataba solo de predicar una fe, sino de mejorar condiciones de vida concretas.
Pero el trabajo social de los Menonitas además incluye la apertura de centros médicos tanto en la capital como también en San Juan de la Maguana, sistemas de agua potable, canchas deportivas y Colegios de educación media, entre otros.
La labor menonita en el país fue creciendo organizativamente. En 1970, mediante el Acuerdo de Monte Río firmado en Azua, se consolidó el liderazgo local al transferirse la responsabilidad del trabajo eclesial a dominicanos que habían crecido en la obra misionera iniciada décadas antes.
A lo largo de los años, la Conferencia Evangélica Menonita ha contado con líderes nacionales que han enfocado su ministerio no solo en la predicación, sino en la formación de comunidades autosostenibles y de líderes comprometidos.
En recientes convenciones y asambleas la Conferencia Evangélica Menonita presidida en esca ocasión por el reverendo Abelino de la Rosa, ha reconocido veteranos servidores como la profesora Genoveva Ramírez, y los pastores Sócrates Montero y Rosario García, figuras que contribuyeron a la expansión y consolidación del movimiento menonita en diferentes regiones del país.
Además de la obra religiosa, la Iglesia ha dejado huellas palpables en el ámbito social. Las iniciativas menonitas han incluido desde servicios comunitarios básicos hasta la creación de espacios educativos y de formación juvenil, como los campamentos y programas organizados por la Juventud Evangélica Menonita Dominicana (JEMD), la Asociación de Damas Menonitas (ADDEM), Junta de Ancianos, Asociacion de Pastores y los eventos pastorales, los cuales fomentan el liderazgo y la integración de los jóvenes en la vida de sus comunidades.
No obstante, la labor menonita en República Dominicana también enfrenta desafíos propios de su identidad. La Conferencia ha tenido que equilibrar la fidelidad a su herencia anabautista, una tradición cristiana que desde el siglo XVI reivindica la obediencia a la Palabra de Dios y el testimonio de vida con la necesidad de adaptarse a un contexto cultural y social dominicano en constante cambio.
Hoy, el movimiento menonita dominicano representa una mezcla de fe, compromiso comunitario y testimonio bíblico que va más allá de los muros de las iglesias para tocar vidas concretas.
En un país donde muchas comunidades aún enfrentan brechas en servicios esenciales, el legado menonita sirve de recordatorio: las iglesias no solo deben predicar, sino servir con obras, mostrando que el mensaje de esperanza cristiana se cumple tanto en el alma como en las necesidades humanas más inmediatas.
CELEBRACIÓN ANIVERSARIA
El reverendo Abelino de la Rosa, presidente de dicha organización religiosa informó que en marzo del próximo año 2026 estarán celebrando con varias actividades su 80 aniversario de vida institucional. La misma incluirá cultos especiales en el Distrito Nacional, El Cercado y San Juan de la Maguana.




