
Por esta razón nos toca, como sociedad y en especial como mujeres de fe, tomar el ejemplo del “Ave Fénix”: renacer de las ruinas, levantándonos del polvo, sacudiéndonos y decir: ¡puedo lidiar con la prueba!

El Fénix, un ave que surgió de sus cenizas y es capaz de realzarse majestuosamente desde la destrucción, nos inspira. Pero aún más importante que este mito, existe algo que fue y siempre será real y contundente: una tumba vacía, dejada por aquel que RESUCITÓ de entre los muertos.
Según el mito, “cuando el Fénix ve llegar su final, construye un nido especial con ramas de roble y lo rellena con canela, nardos y mirra, en lo alto de una palmera. Allí se sitúa y, entonando la más sublime de sus melodías, expira y, a los 3 días, de sus propias cenizas, surge un nuevo Fénix”.
Esto es un mito y, de igual forma, nos deja una enseñanza.
Pero existe uno que no fue ni será un mito, que hizo más que eso: JESÚS.
Vamos a imitar a este maravilloso ser, que sin importar la situación más vil en la que te encuentres, tuvo la capacidad de renacer de nuevo lleno de poder y gloria.
No sé cuántas veces has caído, no sé cuántas veces te has dicho: “ya no doy más, renuncio, tiro la toalla”.
Hoy vengo a invitarte a que te des la oportunidad de un nuevo cambio en tu vida. Dios nos perdona y su amor cubre multitud de errores.
El título del libro del Dr. James Dobson, “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido”, es una referencia para decir que muchas veces lo que pensamos que es para muerte no es así, sino que Dios tiene el arte de convertir nuestros procesos en bendiciones. Así mismo como le ha dado la capacidad a su creación de renacer del polvo, de igual manera lo hará contigo.
Cada día que ves la luz del sol, que te levantas y puedes respirar porque estás vivo, tienes la oportunidad de reinventarte, resurgir de tus cenizas. Sé que hay una fuerza dentro de ti que tal vez no sabías que la tenías hasta este momento, porque para estos momentos fue reservada. Porque no eres una víctima, eres un sobreviviente.
El sobreviviente usa sus heridas para dar testimonio de que lo que no te mata te hace más fuerte. Usa tu experiencia para orientar a otras personas, utilizando tu vivencia para motivar a otros. Enséñales que la determinación es pieza clave para levantarnos de nuestras cenizas.
¡Mujer, reinvéntate!. Que tu segunda versión sea de más excelencia, de más valor. Recoge tus pedazos, haz una obra de artel con lo que quedó, que todos puedan ver en la gran mujer en la que te has convertido, cuando todos tus pronósticos decían lo contrario.
¡Recuerda, no desmayes, sé persistente, tú puedes!




