
SAMUEL REYES
El Dr. Jimmy Morales, ex presidente de Guatemala expuso en el Foro Iberoamericano de Políticos Cristianos celebrado en Paraguay el pasado mes de junio el tema Seguridad Continental y la Participación del Cristiano en la Defensa de los Valores, el presente artículo es una reflexión basada en dicha ponencia de 12 páginas y adaptada a la República Dominicana.

En el contexto actual, la seguridad nacional no solo se refiere a la defensa física de un país, sino también a la protección de sus valores fundamentales. En este sentido, es imperativo que los dominicanos comprendan la importancia de participar activamente en la defensa de nuestra identidad cultural, moral y espiritual.
Como se menciona en la Biblia en el libro de Ester (4:14), la responsabilidad de actuar ante las injusticias es crucial. Mardoqueo, al advertir a Ester, nos recuerda que la indiferencia puede llevar a la destrucción. Esta misma disyuntiva aplica a nuestra realidad: optar por el silencio o alzar la voz para preservar lo que es valioso para nuestro país.
La guerra entre el bien y el mal se extiende a todos los aspectos de la vida: lo personal, lo familiar, lo nacional y lo internacional. Ignorar esta realidad es permitir que fuerzas externas y agendas ideológicas socaven nuestra cultura y valores. Los dominicanos debemos ser conscientes de que, al igual que Ester, tenemos un papel que jugar en esta lucha.
Los dominicanos tenemos la responsabilidad de involucrarnos en la política y en la defensa de nuestros principios. La historia nos enseña que, en momentos críticos, la inacción puede llevar a la pérdida de nuestras libertades y valores fundamentales. Dios ha llamado a cada uno de nosotros a ser centinelas, vigilantes que protegen lo que es justo y verdadero.
En el siglo XXI, la República Dominicana enfrenta varios riesgos geoestratégicos. La influencia de potencias extranjeras, la llegada masiva de inmigrantes haitianos, la corrupción interna y el narcotráfico son solo algunos de los desafíos que amenazan nuestra seguridad. Es vital que estemos alertas y que participemos activamente en la defensa de nuestra nación.
El narcotráfico ha encontrado en la República Dominicana un terreno fértil para operar. Las rutas de tráfico de drogas no solo afectan la seguridad, sino que también erosionan nuestras instituciones. Algunas organizaciones criminales han infiltrado estructuras políticas y sociales, poniendo en peligro nuestra estabilidad. Asimismo, el impacto social, económico y cultural de la inmigración haitiana sin planes de asimilación y aprovechamiento racional cobra sus dividendos negativos.
La corrupción es otro de los grandes obstáculos que enfrentamos. Las instituciones que deberían proteger a los ciudadanos a menudo son cooptadas por el crimen organizado, lo que genera un ciclo de impunidad. Los dominicanos deben exigir transparencia y justicia, y trabajar para restaurar la confianza en nuestras instituciones.
La descomposición moral es un síntoma de la crisis que atraviesa nuestro país. Cuando la ciudadanía percibe que las leyes no se cumplen, se produce una pérdida de confianza en las instituciones. Los cristianos en particular deben ser voz de denuncia ante las injusticias y defender los principios que han guiado a nuestra nación.
La globalización ha traído consigo tanto oportunidades como desafíos. Si bien puede facilitar el comercio y el desarrollo económico, también puede erosionar nuestra identidad cultural. Es fundamental que los dominicanos aboguemos por una globalización que respete y fomente nuestros valores.
La Agenda 2030, presentada como un pacto por el desarrollo sostenible, plantea objetivos que pueden ser atractivos, pero también oculta ideologías que amenazan nuestra moral. Los dominicanos debemos estar atentos a las implicaciones de estas políticas y asegurarnos de que no socaven nuestra fe y valores culturales.
El politólogo Samuel Huntington predijo que el siglo XXI estaría marcado por conflictos culturales en lugar de guerras entre naciones. En la República Dominicana, este choque se manifiesta en la lucha entre el secularismo y nuestras raíces judeocristianas. Debemos ser conscientes de este conflicto y defender lo que creemos.
La participación política no debe ser vista como algo secular o profano, sino como un mandato divino. Desde José en Egipto hasta Pablo en Roma, la Biblia nos muestra ejemplos de hombres y mujeres que asumieron roles de liderazgo sin renunciar a su fe. Los dominicanos estamos llamados a ser luz y sal en la política, promoviendo el bien común y defendiendo nuestros valores.
La seguridad no es solo la ausencia de guerra; implica proteger nuestras familias, nuestra cultura y nuestra identidad nacional. Necesitamos políticas que defiendan la vida, el matrimonio natural, las libertades individuales dadas por Dios, la familia y la libertad religiosa. Es esencial formar nuevas generaciones que estén comprometidas con el servicio público y los valores eternos.
La seguridad de la República Dominicana está en juego, no solo en términos económicos, sino también en lo espiritual y moral. Es nuestra responsabilidad como dominicanos, y especialmente como cristianos, no ser observadores pasivos, sino constructores activos de un futuro que defienda la verdad, la libertad y la fe. La historia nos llama a participar en el proceso político y a proteger lo que más valoramos. Dios nos bendiga en esta misión.




