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Constitución en tiempo de Cuaresma

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La Cuaresma es un lapso de tiempo en que los cristianos se dedican a participar en retiros, realizar ejercicios espirituales, ayuno y oración, emulando el tiempo de Jesús en el desierto de las tentaciones.

La estación litúrgica comienza el Miércoles de Ceniza y termina el jueves de la Semana Santa, ocasión propicia para estudiar cómo alcanzar el estado más elevado de espiritualidad, lograr los deseos y metas para satisfacer mejor la vocación de amar y servir a Dios y al prójimo.

Cada persona tiene derecho a vivir su fe como considere, y esto ha sido respaldado tanto por la Declaración Universal de los Derechos Humanos como por la Constitución dominicana, que en su artículo 45 establece: «El Estado garantiza la libertad de conciencia y de cultos, con sujeción al orden público y respeto a las buenas costumbres», lo que le da a la libertad religiosa la categoría de derecho fundamental, directamente vinculado a la dignidad humana.

Esta libertad reconoce que todo individuo debe ser respetado por sus convicciones y prácticas religiosas, que tiene derecho a elegir su creencia religiosa, no elegir ninguna, declararse ateo o agnóstico.

Este tiempo de Cuaresma es ideal para hacer introspección de nuestra alma, examinar la conciencia, ordenar la mente, escudriñar las acciones del pasado y decidir las normativas que regirán la conducta del presente, con el compromiso de seguir adelante cimentando lo bueno y purificando las virtudes.

La Semana Santa es una época de crecimiento espiritual que nos da la oportunidad de sumergir nuestra mente en la mente de Dios; el camino para generar, provocar, cambios sustanciales en nuestro yo interior. Como lo establece San Pablo en la carta a los Romanos 12: 2 «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».

Si no damos los pasos necesarios para buscar la presencia de Dios en nosotros, reconocer nuestra semejanza con lo divino y aceptar nuestra formación interior, la Cuaresma pasa desapercibida, y su llamado a la transformación queda sin respuesta. Aprovechar el tiempo para transformarnos y la renovación de nuestros pensamientos, creceremos integralmente no solo en este tiempo, sino el resto de nuestra existencia.

El tiempo cuaresmal nos invita a compartir en familia, a la conversión, al cambio, a la reconciliación con Dios Padre, a no enfocarnos tanto en las glorias pasajeras, las vanidades de este mundo, las insinuaciones provenientes de muchos, el afán de lucro, de poder; en fin, de las tentaciones, las provocaciones que inducen a la humanidad a vivir apartado de Dios y del prójimo.

Aprovechemos este tiempo para escuchar la llamada de Jesús a un cambio, a una renovación interior personal, comunitaria, al servicio personal y colectivo. A dar y recibir.

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