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Los teteos y la cultura de violencia

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Ángel Gomera

La fiesta a lo largo de la historia, ha constituido una forma de romper con la rutina diaria; en ese sentido se organizan actos sociales cuyo centro, es reflejar un momento en donde la alegría se comparte; divertirse de manera colectiva o celebrar algún acontecimiento especial de la vida. Se ha de suponer que ese tiempo de festejo, hace relajar de la tensión del trabajo o de la cotidianidad; sirve como punto de encuentro; se aprovecha para socializar, es decir que se genera la posibilidad de conocer personas y establecer nuevas relaciones de amistad.

En ese orden el polímata Jean-Jacques Rousseau manifiesta que ¨la fiesta conviene a los pueblos en una República, como un medio para organizar una especie de asamblea creando entre sus miembros agradables lazos de placer y de felicidad que los puede mantener unidos como comunidad. ¨

En nuestro país en la actualidad, se ha adoptado por jóvenes, adolescentes, y también ciertos adultos, unas nuevas formas de diversión, ¨de pasarla bien¨, ¨de vacilar¨ denominadas en la jerga urbana ¨teteos¨. Estos se están expandiendo por las diferentes comunidades, en donde estos grupos sociales se reúnen en espacios de las vías públicas, para disfrutar por largas horas, casi siempre en horario nocturno.

Los que acuden, dicen sentirse ¨libres¨, y son arrastrados por un colectivo social que lamentablemente ejercen influencia en ellos. Estos sienten que están rompiendo con algo, están innovando o siendo creativos, están marcando la diferencia, sin importar las consecuencias de sus actos. Su fin es darle prioridad a la fama, al goce intenso, a la notoriedad sobre la empatía, la solidaridad y el buen vivir.

El problema de estos ¨juntes¨ llamados ¨teteos¨, es que en vez de constituirse en manifestaciones para la sana recreación o fomentar una cultura de cohesión social, se están convirtiendo en monumentos de una conflictividad peligrosa. Esto tiende como fenómeno a alimentar la cultura de la violencia; ya que, de manera natural, se van validando o normalizando comportamientos que en nada contribuyen con la convivencia pacífica y la seguridad ciudadana.

Por lo tanto, estos ¨teteos¨ están distorsionando y viciando el sentido de la fiesta, desde su significado, originalidad e identidad más profunda. Estos escenarios reproducen el desasosiego e intranquilidad, aniquilando todo vestigio de la paz social que debe reinar en cualquier contexto social. Es que toda fiesta debe vincularse a la paz; y la paz a la armonía de las relaciones humanas y al respeto a los demás. Mientras no haya paz, la fiesta pierde el sentido; sería participar de un festejo con una alegría muerta, por más música que suene.

En los ¨teteos¨, por lo visto, ante tantos sucesos trágicos que genera, el respeto a la vida humana no goza de ningún valor, se disipa entre esa horda que actúan como zombis enajenados por el placer extremo.

Allí, se le rinde culto al ¨dios¨ consumo, donde los excesos estremecen la dignidad humana y el ejercicio de una verdadera libertad. El abuso de bebidas alcohólicas o de drogas, no importando el rango de edad, es de preocupante incidencia y está trayendo consecuencias muy graves.  La promiscuidad y el erotismo, se pasea galopante, incentivando al embarazo a temprana edad en medio de aquellos jolgorios.

Asimismo, no se aplican ningún tipo de reglas e impera una atmósfera asfixiante de ruidos, música con letras tóxicas, suciedad, por la basura que dejan en el lugar y muchos traumas para los vecinos, por la zozobra que crea; entre otras crudas realidades.

Por lo que esta manera de festejar o divertirse mal aprovechada y barnizada de esos ingredientes negativos, crea ciertas parálisis a una sociedad, la hace retroceder y sobre todo va degradando la persona en su propia dignidad.

Ante esa realidad, la indiferencia no es consejera ni es solución; Beltolt Brecht plantea que, ¨cuando el delito se multiplica, nadie quiere verlo¨. Aún como sociedad no se ha caído en ese umbral tenebroso, pero vale más prevenir que lamentar.

En definitiva, esta reflexión lejos de condenar o meramente juzgar, tiene como objetivo alertar, analizar y procurar que se le preste la debida atención como Estado, a estas manifestaciones sociales denominados ¨teteos¨; las cuales surgen fruto de una multiplicidad de factores, que subyacen dentro de una violencia estructural y cultural acumulada en el tiempo y sin respuesta efectiva.