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Tanto en Estados Unidos como en RD, vivir y visitar, no es lo mismo.

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Conversaciones con la Diáspora. -Heidy Correa
por Jason Prats, para Diaspora & Development Foundation, EE.UU.

No todo niño es producto de sus experiencias o circunstancias. En la mayoría de los casos, los críos son más el resultado de sus ilusiones e imaginación. Sin embargo, en el caso de Heidy Correa, la dominicana residente en el centro del estado de la Florida en Estados Unidos, puede que todas esas posibilidades apliquen.

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Esta es la última platica de la tercera temporada de la iniciativa de alcance comunitario de la Fundación Diaspora & Development. El programa social que trata sobre intercambios con inmigrantes que llegaron a Estados Unidos con el sueño en una mano y la determinación necesaria para hacerlo realidad en la otra. En estas inspiradoras conversaciones conocemos sobre los retos y las adversidades que enfrentan estos nuevos residentes de lugares a los que no pertenecen. Pero, sobre todo, en los recuentos vemos las historias de éxito de todos los que vivimos fuera de nuestras naciones de origen. Éxito que requirió estar dispuesto a emprender desde cero.

Este pasado inicio de otoño, me encontré con Heidy Correa en su restaurante de comida latina en la ciudad de Tampa. Allí supe de inmediato que esta “Conversación con la Diáspora” sería diferente a las demás. La motivación original de venir a Estados Unidos era muy diferente a las historias que con frecuencia escuchamos. Y la lección la noté en las primeras oraciones que partieron de sus labios. “Hay una larga y estrecha realidad entre vivir y visitar la nación americana.”

“Jason”, inicia respondiéndome mientras sonríe, al indagarle cómo y porqué su familia emigra. “Jason”, repite llamando mi atención y definiendo el trayecto del encuentro, “la primera vez que tuvimos la oportunidad de vacacionar en Estados Unidos, nos ilusionamos con la posibilidad de residir aquí.” Para Heidy y su familia, la experiencia les marcó de tal manera que, la quimera les arropó y los planes de algún día lograrlo, comenzaron a surgir. Aunque con el tiempo, nos dice ella, “todos nos damos cuenta de que venir de visita no se asemeja ni en lo más mínimo a la experiencia de vivir en este país.”

La dominicana nacida y criada en la hemisféricamente antigua Ciudad Colonial de Santo Domingo de Guzmán, se anima a la pregunta y expande su respuesta. “Jason, de adolescente venia de paseo y era todo tan bonito. Incluso, me encantaba la vida de los estudiantes aquí y todo lo que tenían en sus escuelas,” nos responde desde atrás del mostrador de su negocio.

“Tuve una niñez privilegiada. Mis padres se ocuparon de que yo fuera a buenos colegios”, afirma Heidy. Y ansiosa por emprender y ávida por el conocimiento, la joven ilusionada entendía que una educación en Estados Unidos la llevaría a un nivel superior al que tenía a su alcance en su entorno. Y por ello, al terminar el bachillerato, recibe el apoyo de su tío para ir a la ciudad donde este residía, Lawrence, en el estado de Massachussets, para que estudiara inglés en una de las universidades locales.

Al llegar a la conocida ciudad de Nueva Inglaterra, Heidy confirma algo que ni ella, ni su familia e incluso, ni el mismo tío había considerado, lo costoso que son los estudios universitarios para los estudiantes extranjeros. La realización lleva la bachiller dominicana a inscribirse en la secundaria de la comunidad, y desde ahí aprender el idioma que justificó la ilusión.

Los próximo dos años la vida les ofertaría un viaducto de idas y venidas. Al año de cursar estudios en el bachillerato en Lawrence, Heidy regresa a dominicana con tan solo 18 años, sin aun tener un título de universidad, y por el solo hecho de saber inglés, se le abren oportunidades de trabajo. Ofertas que se ven interrumpidas cuando su madre es diagnosticada con cáncer. Lo que obliga la familia a decidir ir a Estados Unidos a someterla a tratamientos de quimioterapia. Lo cotidiano arropa los planes de la familia, y las circunstancias comienzan a definir un nuevo capitulo en sus vidas.

Heidy sigue martillando, en lo que su mami se mejora. “Ya había cumplido con todos los requerimientos para registrarme en Mercy College, en Nueva York”, nos cuenta. Pero luego llegó lo que nadie en el mundo podía predecir o imaginar. El trágico 11 de septiembre impactó las vidas de tantas personas y tantos proyectos de vida. Desde los que perdieron sus vidas en las torres y los rescatistas que la perdieron en los años subsiguientes. Tantos proyectos sociales y personales tronchados y truncados. Yo en cierto modo también fui víctima de esa tragedia. De ese ataque, surgieron requerimientos rigurosos para todo estudiante extranjero. Tristemente, Heidy no pudo iniciar la universidad.

Emprender no es una metodología de negocio, es una actitud. Y el nuevo desafío requería de la astucia que tiene aquel que guarda el orgullo en el bolsillo de atrás, y salta hacia adelante, enfrentando la adversidad. Y si ese sueño requería de iniciar en un trabajo donde el ingreso dependía de propinas, pues ahí, iniciaría.

“Recuerdo los primeros quince centavos que me gane empacando compras en un supermercado C-Town,” nos cuenta Heidy. El cliente le preguntó que, si con esos centavos estaba bien, a lo que respondió de manera afirmativa. Al llegar a la casase encuentra con que con que su hermano tiene las manos pálidas como las salamanquejas, luego de un día de trabajo como fregador de platos en un restaurante. Ahí entonces es cuando Heidy entiende que, para ser exitoso en este país, hay que estar dispuesto a emprender desde cero. Al tiempo pasa a cajera y de ahí da el salto a supervisora en otro supermercado local, de dueños ítalo-americanos.

Pasado los años, ya casada y con dos hijos, Heidy se concentra en regularizar su estatus migratorio. Algo que no habíamos tocado pero que suponíamos que nuestros lectores se lo imaginarían. Y formalizar el estatus migratorio es el gran temor de todo inmigrante ilegal. Y más si tiene familia. Es una crisis que todo padre o madre indocumentado debe afrontar.

El dilema: Temía que la familia de su esposo la acusara de solo casarse con él, por “los papeles”. Pero superada esa disyuntiva, llega una de mayor envergadura. El día de la cita en el Departamento de Migración, el oficial la acusa de utilizar asistencias del gobierno para sustentarse, como subsidios médicos y cupones para alimentos. “Si, utilicé el Medicaid, porque el estado de Nueva York lo ofreció cuando nacieron mis dos hijos, pero nunca utilicé cupones, de utilizar estos me cuidé mucho,” nos afirma Heidy. Luego de esa cita, la joven que en suya juventud se ilusionó con la nación americana, recibe una carta de deportación.

Siempre nos encontramos con anécdotas, de la gran admiración que jefes y dueños de negocios tienen por la ética de trabajo de los dominicanos. Heidy fue un ejemplo de una de esas tantas anécdotas. Los ítalo-americanos propietarios del supermercado, luego de enterarse de la carta de deportación, se ofrecieron como “sponsor” y pusieron su abogado a la disposición. El proceso tomaría 18 meses. Todos de incertidumbre. “Todos esos días los viví con mucho medio. Jason, me asustaba con solo escuchar alguien tocar la puerta.”

Luego de una larga espera, recibe su tarjeta de residencia.

La libertad permite que los Correa transiten por Estados Unidos con nuevas esperanzas. Y ahí surge una nueva ilusión. Abandonar el frio noreste por las cálidas tardes de la Florida. “Y Jason, como tenía experiencia en administración de supermercados, fui al Publix a aplicar. Lo primero que me preguntaron fue si tenía algún certificado de estudios.” Cuando Heidy respondió que no, le ofrecieron iniciar como empacadora. Esto sería iniciar de cero por nueva vez. “Jason, ahí fue que pensé, algo no está bien aquí. Tengo que estudiar.”

Comienza a cursar estudios culinarios y entre capítulos y tareas, trabajaba en restaurantes. Desde cero, inicia lavando platos hasta llegar a cocinera. Cuatro años después, se convierte en entrenadora de todos los nuevos cocineros y asistentes de Chef.

Toda la experiencia adquirida, lleva a Heidy a su próxima etapa. Aperturando su propio restaurante, Capricho’s Deli Coffee. “Todos los días me levanto positiva, tengo el gran apoyo de mi padre, esposo e hijos,” agrega con orgullo Heidy. Mas allá de su familia, la comunidad de clientes inmigrantes siempre la han apoyado.

Termino preguntándole, “¿piensas regresar?” Heidy, responde, “claro que sí, Jason. Esa es la siguiente etapa de mi vida.

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